Cumpleaños de otros...

Coincide que en junio muchos de los que me rodean cumplen años –yo soy el primer auto consciente de esta circunstancia. Tengo la idea que tiene que ver con la época de concepción de los festejados. Si naciste en junio, quiere decir que te concibieron en septiembre.
En el hemisferio sur es el mes que da la bienvenida a la primavera, a las primeras sombras que provocas la tibieza, y por lo tanto la activación de la fuerza creativa –animal- de los seres vivos. Y esto no es menor a la hora de entender nuestra propia condición, si finalmente todos somos animales al fin de cuentas –domesticados de sociabilidad-, y esto lo significo con que las fuerzas que nos impulsan son mucho más elementales de lo que nuestra objetivizada razón tal vez quisiera admitir.
Anoche estuve en la fiesta de cumpleaños de la Quenita. Ella es la madre de Amaranta, amiga de muchos años. En el evento en cuestión me toco saludar a la Rebeca –otra hija de la festejada- que el viernes estuvo en su propia celebración. El sábado compartí con Natacha, otra amiga de la primera juventud. Esta semana me toca saludar a Julieta, Eugenia y un amigo de universidad, Francisco. Lo que queda de mes y el que viene recuerdo un par de festividades de esta naturaleza.
Es una coincidencia, pude ser. No tengo idea de estadísticas, puede que sea solo la sensibilidad de mi propio cumpleaños, al sentir que ya voy por los 32 años. Puede que sea solo la mirada que se desgasta de tanto admitir que el tiempo es implacable, que se vive y se siente en la medida que se cuenta, se celebra y se comparte. Si estudiaremos estáticos, en una especie de levedad, no existiría “tiempo”, y que los años no pasarían más que como la consecución de muchos movimientos de los otros. Pero al final eso es simple metafísica.
La vida es movimiento y los cumpleaños están para recordar tal situación...

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