Apuntes nueve.

UNO. Me sorprende la paranoia de los norteamericanos. En todo caso no es para menos, si finalmente lo que se suponía uno de los territorios seguros del planeta –una apreciación absolutamente subjetiva antes de septiembre de 2001- hoy es una masa de nervios y recriminaciones, en todo caso de una infinita menor magnitud que lugares si peligrosos del mundo.
En lo que va de conflicto, por ejemplo, en Iraq -2003- han muerto 500.000 civiles. Así de simple. En Afganistán la cosa no es para nada mejor. Y suma y sigue. Un informe de la UNICEF y organismos humanitarios mencionan que en el Congo aun no se sabe el paradero de 11.000 niños que engrosan las filas de grupos armado y el mercado sexual. Eso si que se acerca al infierno, a la podredumbre de la condición del ser humano.
En la tarde de hoy se escucho fuerte y claro en todo el globo sobre una avioneta que se ha estrellado contra un edificio de departamento en la parte Este de la ciudad de Nueva York – zona residencial. Inmediatamente se viene a la mente el atentado más mediatizado y que ha provocado cambios drásticos en los acontecimientos –aun en desarrollo. Sólo es comparable en los efectos radicales para gran parte del planeta el atentado al archiduque Francisco Fernando en Sarajevo el año 1914 y que a corto plazo desemboco en el inició de la I Guerra Mundial.
En nuestro tiempo no se llego a una abierta confrontación mundial, pues el evidente poderío de la principal potencia puede contener muchas de las intenciones de una radicalidad tan fanática como la mostrada por la administración norteamericana, pero es evidente que los conflictos son muestra del camino que adquieren las febriles mentes del poder.

DOS.
Corea del Norte. Que un país esté cerrado, una especie de cárcel de varias decenas de millones de personas por los deseos de una cofradía sectaria es simplemente perturbadora. Las amenazas que ha lanzado norcorea a los gobiernos del primer mundo son llamativas. Pero pierde toda legitimidad cuando se conocen los antecedentes internos –datos de organismos medianamente independientes que tiene acceso a su interior. Hambre, represión, persecución y una buena cuota de mesianismo son los ingredientes de ésta parcela –que no es la única, pues existen una serie de países que se encuentran en situaciones dramáticas y que cierta politología los ha dado por llamar “países parias” o “estados fallidos”.
El ingrediente que hace del caso de Corea del Norte es su historia y papel jugado en la Guerra Fría, la defensa que de ella hacen algunas potencias en el Consejo de Seguridad de la ONU –en particular China y en menor medida Rusia- y su manejo de un programa especifico de armas nucleares, que la coloca en un sitial de mayor preponderancia que otros Estados que impulsan políticas internacionales agresivas.

TRES. Y Chile. Nuestra política internacional se construye en el modelo de la exclusiva potestad de la presidencia para determinar intensidades y coherencias. Pero estamos insertos en una realidad continental que exige consecuencia y respeto por los vecinos, y los modelos que impulsan otros pueblos de la Patria Grande.
Existen países que se han ganado el respeto por los esfuerzos que generan en la trasformación de los procesos desde sus realidades. Nuestro compromiso debiera ser con ellos, con los que en momentos determinados se han puesto en posición de fortalecer la integridad continental por sobre los intereses del Estado Norteamericano –por ejemplo. Me refiero en particular a Venezuela y los múltiples gestos que ha tenido con nuestra propia política exterior –su voto y apoyo decidido a la presidencia de la OEA de José Miguel Inzulsa, por ejemplo.
Darle la espalda a uno de los nuestros sería un error.

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