Superando y resistiendo, una vez más, la crisis con más salsa
En la economía doméstica, técnicamente microeconomía, y que se
podría resumir con la idea de “por qué compramos lo que compramos, producimos
lo que producimos, y a qué precio lo hacemos, partiendo de la base de que los
recursos son limitados”, hay una dimensión que generalmente se ve impactada
cuando hay situaciones de crisis: son los servicios de ocio y cultura, ante
contextos socioeconómicos adversos, parece obvio reconocer, las personas
prefieren responder a otras necesidades urgentes, se las suele denominar “vitales”,
que a dimensiones como la cultura.
Maestra Vida ha existido por casi 4 décadas asumiendo esos
vaivenes, ciclos que impactan en las actividades como las que entregamos desde
el local, algo que cuando la economía está deprimida o ralentizada se siente en
la afluencia, es un indicador certero, que se percibe con el pasar de los meses
y que enfría las noches de baile, incluso en la época estival.
Por cierto, son procesos complejos, que muchas veces suman
varios elementos que pueden hacer que el efecto se sienta con más impacto.
Por ejemplo, en este último ciclo, el que deberíamos inscribir
desde la reapertura después de la pandemia, se sumaron el enfriamiento
económico; en el contexto barrial -del entorno del local- fenómenos de
seguridad pública; y cambios significativos en hábitos de consumo. Estos
elementos generaron un cuadro complejo que se centró con fuerza alrededor del
año 2024, con bajas sostenidas de asistencia a la rumba, jornadas en que se
allegaban mínimos de público, e impactaba en el ánimo de los trabajadores y
administración.
También el que baje la afluencia de público impacta en la otra
llave de la rumba: la música en vivo. Las bandas que se presentan en el
escenario reciben la recaudación de los tickets que se venden en la taquilla,
por lo que al igual que la empresa, la merma de asistencia provoca un mal
sueldo para aquellos trabajadores que intentan vivir de la difusión de cultura.
¿Cómo se resiste el embate de una crisis económica? ¿Cuál es
el mínimo para lograr mantener a flote un lugar como el nuestro? Estas eran las
preguntas que intentábamos responder cuando partimos en septiembre de 2021,
luego del levantamiento parcial de las restricciones sanitarias, y que permitió
parcialmente normalizar la afluencia. Pero fue desde 2023 que vino una baja
sostenida por efecto de esos factores que mencionaba más arriba que llevó a su
punto más débil un año después. Recién desde la primavera de 2025 se comenzó a
ver un nuevo ánimo que se potenció hasta este verano.
Y esta mejora se observó y vivió en el ambiente. Por un lado, una
recuperación económica, un dinamismo en el consumo -como lo refieren los
economistas-, que se sintió como si dejáramos atrás el lastre de la crisis:
Chile no se caía a pedazos.
En esta recuperación se debe mencionar otro elemento, singular
y sorpresivo, especialmente en la creación de nuevas audiencias y que podríamos
denominar “efecto Bad Bunny”. Desde el lanzamiento del álbum “DeBÍ TiRAR MáS
FOToS” en enero de 2025, logró de manera masiva y transversal, desde la
ubicación de Benito Martínez como símbolo del mainstream mundial, proyectar
a la salsa como un género vivo y vigente en esas nuevas generaciones.
Porque en este tiempo se ha tenido que lidiar con las
dificultades que provocan los cambios en hábitos de consumo, no llegaba nuevo
público a disfrutar lo que se vive en la rumba maestrística. Ese fenómeno de desgaste
de la noche y las discotecas como lugares de vínculos e interacción social es de
alcance global, en Europa lo denominan “clubsterben” o “muerte de los
clubes”. Nunca en la historia se han cerrado tantos lugares de baile en el
mundo, especialmente en occidente.
Por eso es tan destacable lo que acontece con la salsa, que es
un género que ha perdido relevancia respecto de otros estilos urbanos,
ciertamente con las nuevas tendencias de música, la salsa puede parecer algo de
otro siglo -que lo es-, y por eso lo de Bad Bunny es tan destacable.
Pero como las cosas no podían ser lineales en un horizonte en
que volviéramos a estar en un ciclo virtuoso, reinventar el consumo de ocio,
nuevas propuestas musicales que colocaran a la salsa en el radar de las nuevas
generaciones, en lugares con identidad como Maestra Vida, un país del norte que
odia todo lo que no es su propia identidad, decidió iniciar una guerra mundial
que ha jalado todo, nuevamente, al despeñadero.
Se vienen tiempos grises, pero tenemos la tranquilidad que
estos escenarios los hemos vivido, resistido y vencido en otros momentos, por
eso el 2028 cumpliremos 40 años de actividad, entregando salsa, rumba, música
en vivo y millones de experiencias vitales, en eso estaremos, a pesar de las
pandemias, las guerras y las crisis.


