El hegemón sionista-norteamericano atacar Irán, una guerra de impredecibles consecuencias
El viernes 27 de febrero, en El País de España, aparecía una crónica titulada: “Nueva ronda de negociación entre Irán y EEUU concluye con buenos avances”. Aquel título coincidía con el tono de la mayoría de los portales del mainstream de medios en occidente, demostrando -con los ataques acontecidos menos de 24 horas después- la doble faz de la política internacional del hegemón sionista-norteamericano: a un lado una zanahoria -la diplomacia-, e inmediatamente encima el garrote -la agresión militar-, preparado para castigar, sin importar los esfuerzos negociadores, pues las decisiones ya habían sido tomadas, para el caso, en las oficinas de Beit HaNassi -en Jerusalén-, con asistencia del embajador de EEUU en Israel Mike Huckabee, el congresista norteamericano ultraderechista Lindsey Graham, la plana mayor del Pentágono, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el Mossad.
Una vez más el boche diplomático fue un volador de luces, una
zanahoria distractiva para solapar el garrote, táctica que ya había sido
utilizada en contexto de los bombardeos de junio de 2025, mientras representantes
iraníes y norteamericanos mantenían rondas de conversaciones en Italia y Omán, los
invasores preparaban los ataques.
En estos meses, desde junio, las urgencias de EEUU e Israel no
hicieron más que profundizarse, entremedio se dio a conocer parte de los
archivos Epstein, una operación de inteligencia del Mossad que en este momento
tiene atrapado a parte de las élites políticas y económicas del país del norte,
impactando a Trump por las revelaciones sobre prácticas delictuales de las más decadentes,
pero incluso por sobre esta herramienta de extorción de los israelís, existen
dos niveles de intereses de los
invasores que coinciden en la eliminación de los Ayatolás: para los sionistas
eliminar a la teocracia iraní (con toda su vehemencia fundamentalista), y de
este modo dejar el camino libre de lo que el mismo embajador Huckabee señaló
hace una semana, sobre el derecho bíblico de la “Gran Israel” que lo sintetizó
en la frase “Desde el Nilo al Éufrates”; EEUU busca asegurar recursos
energéticos para su proyecto contemplado en su “Estrategia de Seguridad
Nacional” (difundido en diciembre recién pasado).
Estas dos líneas de interés, sionista y estadounidense, es la manifestación
inmediata del tipo de conflicto que expone Maurizio Lazzarato en la tesis de la
Guerra Civil Mundial, una forma de enfrentamiento fragmentado que va más allá
del clivaje norte-sur, que no es un fenómeno momentáneo sino permanente, expresión
de las luchas de clases (entiéndase en un amplio rango en étnicas,
medioambientales, feministas, populares), “La… guerra entre Estados, como hemos visto en la
evolución contemporánea de la acumulación mundial de capital que ha alcanzado
la fase final de su ciclo...”,
señala el autor italiano.
Hemos señalado que el cinismo y la hipocresía de Trump es, a
la vez, su principal característica. Uno sabe que no requiere narrativas
formales para actuar, no necesita apelar a la ética de la democracia y los
derechos humanos, es simplemente beneficio para el imperio, en el caso de Irán
de manera muy superficial se declara sobre derechos de los iraquíes para lograr
un nuevo gobierno, se habla de instalar al títere Reza Pahlaví, hijo del dictador
sah Mohammad Reza Pahleví (depuesto por golpe de estado en 1978). De momento
todo parece vago e impreciso, porque como al parecer el garrote fue inducido
por Israel, y su urgencia existencial de eliminar a sus archienemigos, EEUU se
sumó en búsqueda de una oportunidad de fortalecer su posición energética y
geopolítica.
Lo único cierto que ha instalado EEUU es la exigencia a los iraníes
de obliterar un programa de defensa de energía nuclear (que los iraníes han
declarado hasta el cansancio que tiene objetivos civiles), el programa de
defensa misilística, y por último desmontar las redes de apoyo proxy, todo
aquello se estaba negociando de parte de la diplomacia norteamericana, pero que
en verdad era la tapadera del ataque que estaba decidido hace algunas semanas.
Federico Aznar Fernández-M. en su estudio “La Guerra” (El Viejo
Topo, 2024), señala que EEUU hasta 2005 ha intervenido militarmente en 220 ocasiones
en ultramar, pero solo en 5 oportunidades ha declarado la guerra. Viene al caso
que parte del carácter imperial del país del norte está dada por su belicosidad
de facto, nunca ha requerido una autorización formal, al menos el visto bueno
del congreso para actuar, incluso en esta coyuntura, Trump se permite iniciar
un enfrentamiento regional de impredecible desenlace, sin temer alguna consecuencia
inmediata para su administración.
En este punto me atrevo a plantear tres escenarios, de acuerdo
a la conjunción de las dos líneas de intereses entre las potencias agresoras.
Ya señalamos que Israel pretende eliminar la teocracia chií de
Irán, y EEUU profundizar su acceso a recursos energéticos, con una ganancia
adicional que puede tener carácter estratégico: redirigir la dirección del
combustible hacia el norte, asentando un golpe a China, su principal antagonista
global, quienes consumen el 90% de la producción persa, y de pasada marcar una
línea con los BRICS.
a)
Negociación con lo que “quede” de las autoridades
iraníes. Esta sería una salida impensable en este momento, mientras caen bombas,
pero el pragmatismo cínico de Trump, el modo en que mostró con Venezuela, no es
del todo descabellado, si una administración iraní se compromete a desmontar
sus programas de defensas e iniciar algún camino de “democratización”, asegurando
acceso a las fuentes de energía, sería posible. El único escoyo de una salida
de esta naturaleza sería Israel, ellos no van a cesar en su objetivo: eliminar
a los Ayatolás;
b)
Guerra que se extienda en el tiempo de 6 meses a
varios años. Este escenario tiene la urgencia de las elecciones de noviembre de
medio mandato (mid-term election). Extender la guerra implica infantería
y muchas víctimas de soldados, para un presidente que se comprometió a sacar a
EEUU de guerras que no son prioritarias, impulsa la oposición interna. Por otro
lado este horizonte deja muy abierto el resultado, con múltiples actores
involucrados;
c)
Extensión de un enfrentamiento asimétrico, en que
EEUU intente minimizar su presencia de infantería, armando una oposición lo que
degeneraría en una guerra civil interna.
De cualquier modo esta guerra será la señal de un nuevo mundo
que está emergiendo, que además muestra la propia crisis y decadencia de EEUU
como imperio, y la manifestación del motor de la historia, la crisis del
capitalismo.


