Linterna (uno)

Respete su nombre compañera.
Respetuosamente le digo, cuando mañana se despierte y no encuentre sentido a sus pasos márchese, no siga más, cierre su casa, su trabajo y su vida y no de información de su destino y márchese, lejos donde nadie le conozca.
Así, con esas palabras –que se repetía como el estribillo de la canción de moda- se fue para su casa.
La mañana fue como todas las veces, sin sentido. Sintió el olor del cigarro, del ultimo que fumo ya de madrugada imaginando como sería cerrar su vida y partir a otro lugar. Miro su ropa, la que podría cargar, los libros que le acompañarían. Solo le preocupa que su hija peluda –la Carlota- tuviera alimento, pensó en dejar abierta la bolsa de comida y la ventana para que pueda salir y entrar a su antojo, con lo vieja que es tendría suficiente experiencia para inventarse mejor vida.
Cuando al fin se lanzo de la cama busco un bolso lo suficientemente cómodo para transportar, y se le vino a la memoria ese capitulo del “Chavo del Ocho” que de chica tanto le impacto, y se ve al muchacho partir de la vecindad –fue acusado de ratero- con sus pertenencias, una bolsa amarrada a un palo. Ella sintió que es injusto salir lanzada de su vecindad –su mundo- como una ratera, pero fue lo que mejor podía hacer en su circunstancia. Y más que mal se llama Libertad.
Cerró la puerta y camino un rato. Al fin tomo una micro hasta Estación Central. Pensó que podría comer en un boliche del sector antes de partir. El sur es buen destino para inventarse...

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