Once otra vez (dos)


Nuevamente Once… y esa parte de la historia de cada cual -el recuerdo de los que lo vivieron y los que no pero somos el producto incompleto y conciente de sus consecuencias- se hace presente una vez más…
En la semana me toco rever el documental de Patricio Guzmán, Salvador Allende. Lo “sentí” distinto a la anterior oportunidad –fue en el verano en el Goethe junto a la más querida y su padre y amigo. El verano –puede ser- me dio una lejanía que me hizo descuidar elementos que esta vez si disfruté o descifré. Primero debo decir que la producción fílmica que abordan el tema –sea como dramatización por ejemplo “Llueve sobre Santiago” de Aldo Francia, o documental como la misma “Batalla de Chile” de Guzmán- me a acompañado desde mis primeros pasos en política. Por lo mismo, y con el paso de los años la mirada se petrifica en elementos a-históricos y se sumerge en consideraciones técnicas. En esta segunda aproximación a la película me permití “sentir”, simplemente, y para esto me hice acompañar por una amiga con compromisos sentimentales similares a los míos que provocó que sintiera su propio estremecimiento, sus lágrimas y su dolor cercano.
Luego, esa noche, tenía un compromiso especial. Estaba invitado a la entrega de carné de la célula del PC en el Barrio Bellavista, “Jorge Solovera”. Debo aclarar que me considero un tipo de izquierda –en otra oportunidad compartiré con ustedes a que me refiero- con una historia, humilde por cierto, de compromisos y entrega a una causa que aun considero necesaria. A ese evento llegué con la idea de reencontrarme con los ritos que hacen posible que el recuerdo tenga sentido, que se agolpen todas las palabras y abrazos que se han entregado en estos años. El canto “comprometido”, me refiero de aquellas composiciones que ayudan a “fortalecer” la conciencia -larga discusión que debo retomar con un amigo en particular. Me toco entregar el carné a Patricio Solovera, eximio compositor e instrumentista chileno -hermano del homenajeado con el nombre de la instancia- y que para el efecto desplegó parte de sus artes para entregarlas a los asistentes. No podían faltar las promesas y las exclamaciones de sueños colectivos, un mundo mejor que se arme a partir de la “voluntad” de los “despejados” militantes y adherentes, si no es acaso todo aquello lo que hoy me hace ser un observador activo del PC.
Solo mencionaré que al día siguiente fue la fiesta 17 aniversario del antro vital en el que trabajo…
Lo del domingo fue la otra parte del rito doloroso que miles de sujetos cada año realizan, la marcha de conmemoración del golpe. Es como las caminatas que realizan los peregrinos de quien sabe que grupo crédulo. En este caso la creencia es poder enrostrar el sin sentido de la brutalidad, de la forma más bárbara de la condición humana y por esta vía poder convencernos que nunca más será eso posible -tengo mis dudas al respecto.
Esa mañana, del sábado al domingo, en la Maestra realizamos una velaton -la primera fue cuando falleció la Gladys Marin- en el que se integraron, mis compañeros, y un par de clientes.
El once ese eso y mucho más. Y que los norteamericanos se los apropian en su propio dolor, contradicciones de la historia, como su fecha de recuerdo, ellos que tanto dolor ayudaron a crear treinta años antes.

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