Primera cuenta pública de Kast: Orden y Patria

José Antonio Kast realizó su primera cuenta pública. Fue una alocución en la que ha vuelto a mostrar parte de la impronta que busca marcar en su gestión, una administración que carga con la energía de la contrareforma conservadora, aquella que apela a “Dios, familia y patria”, la triada valórica que enarbolan las ultraderechas en el continente, de hecho, al revisar el texto expone la deriva en esa dirección, contextualizando conceptos, e identificando silencios.

Obviamente que no hay referencia al concepto “derechos humanos”. El carácter de compromiso con la impunidad de criminales de la peor calaña y el negacionismo del presidente y su gobierno lo puede explicar. El evidente desprecio que la derecha siempre ha sentido por esta idea que les traslada, en sus sesgos, a la historia: ellos sostuvieron la más despiadada dictadura que se ha dado en Chile.

En esta misma revisión, son aquellos conceptos que se reúnen en torno al “orden, seguridad, propiedad”, las ideas que determinan la dirección de esta administración, una línea matriz que en diciembre Gonzalo Rojas Sánchez, guía intelectual de Kast señalaba en La Tercera: “…al escuchar a José Antonio me parecía oír a Manuel Montt… el lema de Montt era “orden y progreso”. Yo decía: este es un discurso en que están conjugándose orden y progreso…”. Esta aproximación decimonónica, al periodo de la fundación de Chile, la etapa que produjo a aquel oscuro personaje de la oligarquía: Diego Portales, que inspiró todo el periodo conservador, es la palanca que al parecer motiva, nuevamente, después de 150 años, esta coyuntura.

En lo concreto, y reconociendo la evidente fuerza que tiene el discurso reaccionario de las derechas continentales sobre la local, esta parece ser una gestión mucho más cercana a la legada en la historia de Chile, una que pretendió darle dirección al país desde la iglesia y el latifundio como una gran sombra desde la que se dirigía el destino del inquilinaje y los grupos subalternos, en consecuencia se ha ido desplegando una práctica que busca reestablecer ese orden social, que se reclama, en crisis o perdido, sistema en el que quién tiene el poder económico son los que pone las reglas.

De los distintos anuncios que se presentaron, hay dos que se alzan especialmente alarmantes por su lógica criminalizadora que pretenden fortalecer esa búsqueda de orden: creación del Registro de Vándalos e Incivilidades, y aumentar el plazo de la flagrancia de 12 a 24 horas, con lo que faculta a las policías -y eventualmente a quienes realicen acciones de policía como pueden ser FFAA en el marco de la RUF- en la persecución de acciones calificadas de delitos sin la supervisión de un tribunal.

También avanzó en la idea de criminalizar a sectores sociales especialmente expuestos al poder del Estado: migrantes y estudiantes, en la que se plantea un proyecto para el “retorno para migrantes irregulares”, y se menciona el proyecto de ley que ya se encuentra en trámite legislativo “Escuelas Protegidas” para castigar distintas formas de violencia, incluidas la protesta social.

Respecto de la gran contrareforma tributaria “Proyecto de Reconstrucción Nacional”, que distintos analistas y dirigentes sociales han expuesto la magnitud de lo que se pretende para los precarios derechos sociales que se construyeron en estas décadas, el discurso oficial sigue el mismo guion: “emergencia económica/neoliberalismo a ultranza/veneficio económico para la burguesía que chorrea en la medida que les sobre”.

Estamos en un momento coyuntural que se muestra complejo en varios sentidos. La organización social y política parecen el único camino para contener y oponerse a esta verdadera refundación reaccionaria decimonónica. Sobre las cenizas de una gestión progresista que no logró consolidar algunas tenues expresiones de reformas, la derecha está intentando retrotraer esos tímidos avances, fruto de la movilización social, a marzo de 1990, y si el mundo popular no es capaz de articular esa oposición, el daño será profundo y duradero. 


      

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