Argentina tecnorreaccionario

El hermano pueblo argentino vive tiempos dramáticos. Un proceso político que parece parte de un drama enrevesado del teatro que se desarrolló a mediado de siglo pasado en Europa “Del absurdo”, aquel movimiento que exploraba las contradicciones humanas en diálogos que sonaban incoherentes o ilógicos.

Escuchar algunas declaraciones de Javier Milei es asomarse a una mente obsesiva, a veces suena estulticia, se pierde en rincones grises que desprecia la alteridad, el “otro” es aquel que no es obsecuente. Es un discurso que, unido a una radical ideología, libertarismo, propugna una variante incluso más extrema del modelo que la dictadura impuso en Chile, pues se mueve en dogmas absolutos: libertad del individuo; sociedad regulada por el mercado, de la oferta y la demanda; y derechos a la propiedad como derecho natural inalienable.

En esta particular tesitura histórica global, en que las nuevas derechas se expresan desde distintas formas y registros, presenciamos una singular apuesta que deberíamos describir como el intento del primer estado tecnoreaccionario en regla. El 4 de junio Javier Milei y su ministro de capital humano Federico Sturzenegger, publicaron una columna de opinión en el medio británico Financial Times titulada “Argentina invites AI to free itself” (Argentina invita a la IA a liberarse). El artículo se sostiene sobre la idea histórica del protocapitalismo que surge en Ámsterdam en el 1600 en torno al comercio, referencia que pretende sea la que guie a Argentina en este siglo respecto de la industria de la IA.

Se anunció en envío de un proyecto de ley que contiene tres ideas centrales: i) compromiso de desregulación para esta industria que se "desarrollen libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida"; ii) la creación de figura: "… corporación no humana… entidades operadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada"; y iii) estas  “… empresas se beneficiarán de una baja tasa impositiva corporativa, y los accionistas podrán elegir la ley de gobierno corporativo que prefieran.”.

Los analistas han puesto el acento en el impacto de esta iniciativa para la economía argentina.

Por un lado, está el peligro, que ha sido advertido por distintos analistas y académicos sobre el control de esta tecnología, incluso el Papa León XIV en su primera encíclica “Magnifica humanitas", ha hecho un llamado a “desarmar la inteligencia artificial” por el impacto de su descontrol sobre la existencia de la humanidad.

Una de sus implicancias para Argentina está en que se constituya en un paraíso fiscal para el despliegue de las denominadas DAO (Organizaciones Autónomas Descentralizadas), o Corporaciones No Humanas, que son entidades que operan en internet mediante reglas codificadas en smart contracts (contratos inteligentes) en redes blockchain. Ciertamente que este tipo de “personas jurídicas” tarde o temprano deberán ser reguladas en las distintas legislaciones nacionales, pero lo que señalan juristas es que esto debe ser en armonía con el desarrollo de los países, encontrando equilibrios para que quienes están en la inversión de estas empresas tengan la responsabilidad ante fallos de las acciones de dichas organizaciones “no humanas”.

La apertura de la economía argentina que ha impulsado dogmáticamente el gobierno de ultraderecha ha tenido un impacto devastador sobre la industria nacional, especialmente la manufacturera. Según distintas fuentes, están en el suelo, suponer que del mismo modo la invitación desregulada para una industria especialmente especulativa y especializada como la IA dejará algo distinto es por lo menos incierto.

Entremedio de toda esta vorágine sobrevuela la sombra espesa del villano del momento, Peter Thiel. El medio Página 12 en un artículo del 5 de junio, el periodista Pablo Esteban señala: “… el presidente y el ministro defendieron el proyecto legislativo que apunta a modificar la Ley de sociedades, que para muchos analistas es, ni más ni menos, una modificación a pedido de Peter Thiel…”.

El que Argentina se lance en este experimento, fundada en la hiperstición de Milei, una fantasía distópica en que la sociedad se convierta definitivamente en una productora de mano de obra de baja calificación, para desarrollar una industria que se sostiene sobre la hipertecnificación robótica, en un entorno social y político que pudiera ser controlada por el “Estado predictivo” de Gemelo Digital Social (leer la columna de la semana pasada) visto así, se percibe un futuro gris.

Es hora que nuestros pueblos despierten, pues acá en Chile los derroteros de las derechas hermanas de los libertarios argentinos están apuntando al mismo horizonte, el destino de una sellará el de la otra, y en esto, de momento, no hay salidas alternativas. 




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