Estados Unidos y la fractura ad portas de la secesión

I.- Una afirmación desprejuiciada es reconocer que el devenir de Estados Unidos impacta de muchas maneras nuestras naciones, del sur de América y en general en todo el sur global.

Hay, por supuesto, una evidente asimetría política y económica que se ha hecho notar en casi 3 siglos de relaciones continentales, que en el origen de este vínculo se encuentra la doctrina Monroe, hoy espoleada por el denominado corolario Trump, en un mecanismo colonialista que en su versión original de 1823, funda tempranamente el comportamiento feudal de parte de la Unión, respecto de la injerencia de las metrópolis europeas sobre estos territorios bajo la consigna "América para los americanos", instalándose como guardianes de los nuevos estados que comienzan a surgir desde el 1800 en el centro y sur del continente.

La vigencia es tal que, el 10 de junio el secretario de Defensa, Pete Hegseth declaró, al visitar la base norteamericana en Guantánamo en Cuba: “Estamos defendiendo nuestra patria y estamos reclamando nuestro hemisferio.”.

Este vínculo que tiene un carácter ideológico, político y por supuesto comercial, y ha marcado a generaciones las relaciones del país del norte con los distintos territorios que componen nuestro hemisferio, y ante cada fluctuación coyuntural de EE.UU. se abren reflexiones sobre los alcances que tendrán aquellas fluctuaciones en el devenir de esta zona del mundo.

Es por esto necesario poner atención de los procesos que vive la nación del norte, pues en aquellos ciclos se pueden explicar, en parte, procesos de nuestros territorios.

Una posibilidad para abordarlo es desde la historia de Norteamérica, ayudando a construir paralelos que nos expliquen fenómenos actuales, comprendiendo personajes y eventos que para nuestra habitualidad no son conocidos, a pesar de que como producto cultural muchas veces se filtran por el mainstream.

II.- En 1859 John Brown organizó una rebelión de esclavos en el estado que se encontraban en proceso de integración de la Unión, pero que mantenían la esclavitud como parte de su sistema económico. Brown era un hombre devoto, un creyente que así mismo se entendía como parte de un plan divino que debía luchar, con violencia, contra la esclavitud que era anticristiano y contrario de la Declaración de Independencia (1776). Claro que hay una tensión de modelos económicos que están detrás de estos esfuerzos por abolir aquella forma inhumana de la división social del trabajo , y que está por sobre la buena fe del abolicionista, en los estados como Kansas y Misuri tenían la condición de poseer las dos realidades, la presencia de esclavista y abolicionistas que bregaban cada grupo por imponer sus modelos, que es lo central del conflicto, tenía que ver con la posibilidad, de parte de los que contaban con esclavos -economías agrícolas y extractivistas-, con una ventaja que los estados del norte despreciaba al tener más desarrollada una industria capitalista en regla.

El alzamiento que encabezó John Brown -para los esclavistas un acto de sedición terrorista, para sus seguidores del norte un ejemplo de valentía patriótica, para el poeta Ralph W. Emerson “Este nuevo santo, el más puro y valiente de cuantos hombres han marchado a la lucha y a la muerte impulsados por el amor a la humanidad… hará que la horca sea tan gloriosa como la cruz” - concluyó con la derrota en manos de la milicia esclavista e infantes de marina que doblegaron a los rebeldes, siendo su líder ejecutado en la horca.

Este hecho fue el precedente de la que sería la guerra de secesión que se inició un año después entre un grupo de 12 estados del sur, esclavistas, de base económica agrícola y exportadora que se organizaron en torno de una Confederación, y 13 estados del norte, abolicionistas y capitalistas industriales que pretendían mantener la integridad de la Unión.   

El resultado de la conflagración es conocido, ganaron los unionistas del norte, la esclavitud fue formalmente abolida, aunque mucha de su carga simbólica o mecanismos subjetivos se mantienen vigentes en muchos lugares del país, es un antecedente para reflexionar de lo que actualmente sucede en EE.UU.  

Poco más de 160 años después, en este ciclo histórico, nuevamente comienza a recorrer una perspectiva que coloca en tensión la unidad de aquellas regiones que están bajo el control administrativo del gobierno federal. Se habla nuevamente de secesión, de una fractura profunda de estados que están en las costas respecto de los que están hacia el interior.

III.- Hace unos días apareció una crónica en The New York Time que abordaba el proceso que viven, por ejemplo, algunos territorios del noreste del Pacífico -Orengo y Washington- y que respecto de la identidad de los habitantes de esta región, sienten mayor coincidencia con la Columbia Británica (Canadá) que con Arkansas. Es un tema que suena de modo recurrente. Otros que también sienten que es una alternativa viable son grupos en California, y por otro lado Texas. La división no es solo cultural, es ante todo política, son maneras distintas de afrontar la existencia, en el caso de los estados de interior, generalmente conservadores, cristianos, algunos arrastran el ethos de la segregación, en cambio los habitantes de estados costeros, mayormente liberales, cosmopolitas y abiertos a la diversidad. Con el ascenso de Trump, este proceso se ha profundizado de manera acelerada, una situación que muchos analistas señalan como sin precedentes en la historia del último siglo en la Union.

En la crónica citan: “El separatismo está «en el espíritu de la época», según Ryan Griffiths, politólogo de la Universidad de Syracuse, autor del libro de 2025 «Los Estados Desunidos: Amenazas de Secesión en la América Roja y Azul y por qué no funcionarán».”.

IV.- El 4 julio se celebra los 250 años desde la declaración de independencia de EEUU. Es un hito en toda regla, pero tiene el drama de estar inserto en una crisis, la de ser una nación en decadencia, en declive, gobernado por un emperador narcisista y si es que no fuera por la frágil estructura de control institucional, en cualquier momento se desmorona. Pero además es una nación coaptada por élites corrompidas por el capitalismo fisurado de occidente, es desde distintos puntos, parte de una crisis civilizatoria.

Un buen ejemplo de esa fragilidad institucional y política es lo que se denomina “Gerrymandering”, un término de ciencia política que se refiere a la manipulación de circunscripciones electorales de un territorio, uniéndolas, dividiéndolas o asociándolas, con el objeto de producir un efecto determinado sobre los resultados electorales. Desde nuestra ubicación en el sur, hasta para las críticas que pudiera generar nuestros sistemas electorales, esa forma de manipulación legal (se votan en los congresos estatales para ser implementados) parece sui generis. Y así hay varias formas de la “democracia” norteamericana que podrían caer perfectamente en la categoría de anacronismo.

El drama del Sur es que nuestro destino está amarrado al de la metrópolis norteamericana, pues nuestras élites locales simplemente se arrodillan ante el poder del imperio, talvez no se dan cuenta que cuando el país del norte se quiebre en pedazos, ellos también caerán, aunque serán probablemente los pueblos los que sufriremos de aquella genuflexión.




 

 

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