La Guerra de Trump, el efecto Dunning-Kruger y decadencia de EEUU
El efecto Dunning-Kruger, aquel singular sesgo cognitivo en que un sujeto con escasa capacidad cultural sobredimensiona su competencia sobre un tema o área de conocimiento, es hoy por hoy en las sociedades hiperconectadas una característica social presente en distintos niveles.
Es además una manera precisa para describir el desempeño
comunicacional de uno de los personajes más poderosos que ha dado la humanidad
en el último medio siglo.
Escuchar y observar las exposiciones de Donald Trump no hace
más que remitir a esa condición, ah, y por supuesto su narcisismo y megalomanía.
Sumando estos rasgos hacen del personaje una caricatura, un
hombre que se formó, creció y desplegó entorno de un imperio, la metrópolis del
capitalismo occidental incuestionable por décadas.
Nadie podría negar que EEUU fue al menos por 30 años, desde el
fin de la guerra fría, el gran hegemón, la que colocaba las reglas y la fuerza
para imponer su orden: la democracia liberal y el sistema neoliberal. Pero como
es ya un consenso, Norteamérica vive una crisis profunda que la está jalando al
fin de una era, y en ese camino arrastra a una parte importante de territorios,
y poblaciones. Donald Trump es la manifestación de esa crisis.
La guerra en Levante, ya se denomina la tercera guerra del
Golfo Pérsico, es un enfrentamiento internacional que evidencia las grietas de
occidente. Este conflicto, asimétrico, entre la coalición
sionista-norteamericana que ha atacado de modo brutal a Irán, cumple un mes.
Este tiempo el mundo ha ido cambiando rápidamente, no solo por la evidente
superioridad militar-tecnológica de los agresores, sino que por los efectos
económicos que impactan en prácticamente todos los países, pues la primera
evidencia que entregan las beligerancias es la dependencia del mundo respecto
de los hidrocarburos. Se ha afirmado que el petróleo es la sangre de la
globalización capitalista, y el bloqueo del estrecho de Ormuz lo está mostrando
de un modo didáctico.
El hecho que el principal vocero de las agresiones sea Trump, secundado
por el cinismo homicida de Netanyahu, nos permite otra afirmación incómoda: asistimos
de lleno a una etapa de la política que podríamos denominar como liderazgos autócratas
de facto.
Cuando Trump dirigió EEUU, entre 2017 y 2021, lo han señalado
distintos comentaristas, tenía un entorno que lo contenía y le advertía que tal
o cual medida tendría consecuencias contradictorias a lo que su voluntad y
deseo le señalaban. Ese equipo eran lo que John Bolton denomina “eje de
adultos” (“La habitación donde sucedió”, Espasa 2020), es decir un grupo de
operadores con experiencia en política, sujetos con historia en las gestiones
más indigestas del sistema norteamericano, acompañaron esa etapa al inquilino
narcisista de la Casa Blanca.
En ese mismo libro, el exconsejero de Seguridad Nacional de
Trump, expone su observación en primera persona sobre la decadencia del
presidente, señala algunos rasgos del personaje: “adicto al caos, vanidoso,
amoral, inculto y profundamente desconfiado…”, que hacia el final de ese
primer mandato logró expulsar a aquellos tecnócratas de carrera de Washington
D.C.
Luego, en su segunda incursión, desde enero de 2025, esta vez
se rodeo solo de genuflexos que a todo le responden sí, sin mayores advertencias,
todo lo cual ha permitido expandir el sesgo, el efecto Dunning-Kruger, esta vez
con insospechadas consecuencias para millones de habitantes en el planeta.
El 25 de marzo el medio británico The Independent,
haciéndose eco en diversas fuentes en EEUU, describía el modo en que Trump
recibe los informes diarios de inteligencia sobre la guerra: “…un vídeo con
los momentos más destacados, de aproximadamente 2 minutos de duración… con
imágenes de cosas que explotan”. De esta información se ha destacado que el
presidente simplemente no tiene la concentración, ni a esta altura, la
capacidad cognitiva para leer un informe de varias páginas con detalles, por lo
que la edición, de parte de oficiales del Pentágono, le da ideas de los
“avances” -al estilo de reel de redes sociales- de las beligerancias.
Para referirnos al signo de la decadencia del imperio del
norte, sirve la historia del cónsul Incitatus, el caballo predilecto de
Calígula (12 a 41 de nuestra Era). El animal fue designado como representante
del emperador ante el Senado, una jugarreta política, un acto de repudio a los
Patricios, o la evidencia de alguna enfermedad mental. Muchas de las acciones
que parecen contradictorias del presidente norteamericano evocan esa etapa de
Roma. En el caso de EEUU este proceso se vive siendo aún una potencia de
inmenso poder, aunque internamente muestra evidentes señales de colapso social
y político, que permiten situar la fase del descalabro del país norteamericano.
En este punto podemos afirmar que la humanidad asiste a un
instante estelar e impactante por sus consecuencias: el principal actor de la
crisis es un sujeto perturbado, inestable mentalmente, cínico y mentiroso que no
está en condiciones de dirigir a la salida de una guerra que está destruyendo
militarmente miles de vidas, e indirectamente empujando a una crisis económica
global.
El lunes 23 de marzo, The Wall Street Journal encuestó a 50 economistas
y expertos para señalar qué precio promedio permiten situar el punto de crisis
económica global: US$ 138 el barril. Desde ese momento asistiríamos a una
recesión mundial.
No sería correcto, al final de esta columna, no señalar al
otro orquestador del descalabro mundial y que está en esta aventura fratricida por
motivos particulares. Israel es el actor que ha precipitado los acontecimientos,
empujando como un títere a Trump que ha caído en las manipulaciones -y extorciones
de los archivos Epstein- para avanzar en su proyecto regional de construcción de
“la Gran Israel” (Eretz Israel). Si es que los hechos se van dando como
muestra la evidencia, EEUU está a punto de quedar atrapado en un enfrentamiento
largo y costoso, pues no podrán ganar a Irán si es que no usan armas nucleares
tácticas. Es probable que Trump nunca llegue a comprender su papel en esta maquinación,
esa es otra de las características del efecto Dunning-Kruger, tener la convicción
de que lo está haciendo bien.


