Crisis del capitalismo y guerra en el Golfo Pérsico: el imperio en decadencia
"Esta guerra ha surgido de la voluntad de las clases
capitalistas de cada nación de vivir de la explotación del trabajo humano y de
las riquezas naturales del universo"
Manifiesto de Zimmerwald, 1915
I.- Todo el ciclo de enfrentamientos
belicistas en el Golfo Pérsico es un signo inequívoco de la crisis del
capitalismo. En 2008, cuando se desató una profunda fractura en el sistema neoliberal
norteamericano, propiciado por un fenómeno puntual como fue la existencia de un
mercado hipotecario – subprime- que incentivaba la especulación
financiera, generó un efecto dominó con implicancias que se pueden rastrear
claramente a esta coyuntura. Entremedio el efecto de la pandemia y el ascenso
de las derechas -ultraderecha, filofascistas, conservadoras o populistas-
aportaron componentes políticos que empujan esta etapa, y que tiene en la
deriva reaccionaria de la coalición sionista-norteamericana como su capítulo inmediato.
Los personajes, en todo caso, son circunstanciales,
catalizadores de las épocas. Benito Musolini en la segunda década del siglo XX
fue el recurso de un ascenso de los fascismos y nacionalismos que cruzaban aquel
estadio de crisis, pero incluso sin alguno de ellos, aquella etapa oscura
igualmente se habría producido. El que Trump sea un instigador de discursos y
acciones tan detestables, no hubiera evitado el ascenso de las ultraderechas en
el mundo. Por ejemplo, Jean-Marie Le Pen fue un actor relevante en Francia
desde la década de 1990, o Viktor Orbán hace carrera en Hungría desde el
término de los socialismos reales en el este de Europa.
La crisis capitalista es, además, desde una perspectiva
estructural, consustancial al movimiento tectónico que implica la lucha de
clases, al modo como lo expone Maurizzio Lazzarato: “La guerra no es la
interrupción de las luchas de clase, sino su continuación bajo otras formas.”.
Porque en este punto no es inaudito citar a Martín Caparrós que hace unos días
señalaba que “…Da vergüenza tener que sostener que sigue habiendo clases,
pese a los intentos de simular que no existen”, y es
evidente que este instrumento de análisis sigue siendo el más certero para entender
los procesos que acontecen en la zona de los bombardeos.
II.- El alto al fuego es una
declaración, de parte de Trump como principal exponente de las acciones
imperiales en el Golfo Pérsico, de derrota. La evidente superioridad
tecnológica-militar de la coalición no fue capaz de derrotar a los persas,
repitiendo una vez más el esquema de enfrentamiento asimétrico en que se ha
involucrado Norteamérica desde la década de 1950, teniendo como una constante
“… el fracaso de las guerras coloniales dirigidas por los Estados Unidos
(Irak, Libia, Siria, Afganistán, etc) …” (Lazzarato, “Guerra o revolución”
2022).
Esta guerra se da en una coyuntura singular de crisis social y
política en EEUU, generando consecuencias significativas en la administración
de ultraderecha. La derrota de los Republicanos en las elecciones legislativas
de noviembre abrirá paso a un juicio político, un impeachment que será intolerable
para la megalomanía de Trump, lo que hace probable, busque una salida no
institucional: una asonada para mantenerse en el poder.
Pero también es posible que ante el creciente malestar de las
FFAA con el liderazgo trompista, se ha dicho que el 4 de julio, cuando se
cumplen 250 años desde la declaración de la independencia del país del norte,
pueden ocurrir acciones de insurrección.
No obstante, algunos analistas han especulado que, en términos
institucionales, se puede invocar el procedimiento que contempla la Vigésimo
Quinta Enmienda de la Constitución, que contempla la sucesión presidencial y la
incapacidad del presidente. El problema es que requiere un alto nivel de articulación
política -el vicepresidente debe acordar con dos tercios del gabinete la salida
del presidente-, y en otra llave deben estar los cuórum en el Congreso. El
hecho que dirigentes demócratas y muchos republicanos lo consideren, ya es una
muestra de la crisis institucional en la que se encuentra Norteamérica.
Pero toda esta especulación no aborda la otra parte de la
ecuación, y que vista desde la distancia tiene una perspectiva algo más oscura.
El medio The New York Times reveló hace una semana una
investigación que recorre los hechos que sucedieron el 11 de febrero último en
la Sala de Gabinete de la Casa Blanca. Esa mañana, las autoridades
norteamericanas, recibieron la visita de Benjamin Netanyahu, y David Barnea -director
del Mossad-, para realizar una exposición meticulosamente preparada para Donald
Trump -con videos tipo reel- y su equipo de asesores políticos y militares en
la que expusieron planes y oportunidades para acabar, de una vez por todas, con
la amenaza vital -para Israel- del régimen de los ayatolas de Irán, buscar
desmantelar su programa de “energía nuclear” y desmontar el peligro que este significa
para occidente.
En aquella jornada los israelís expusieron un plan de 4 etapas
y que aseguraba, con la capacidad de campo de la inteligencia del Mossad y el
poder tecnológico-militar de EEUU, el éxito de la operación. Según el medio,
tanto los asesores políticos como el Pentágono sugirieron reparos al plan. Unos
días después de la reunión Trump habló con el general Dan Caine, jefe del
Estado Mayor Conjunto: "General, ¿qué opina usted?" El militar
respondió: "Señor, en mi experiencia, este es el procedimiento habitual
de los israelíes. Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre
están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en
convencernos".
Entre ese día 11 y el 28 de febrero los hechos se
precipitaron, a pesar de la tímida oposición del vicepresidente J.D. Vance. Puede
ser que, en ese punto de los acontecimientos, en Trump fue decisiva lo que
muchos comentaristas señalan como el as bajo la manga de los israelís: los
archivos Epstein, o simplemente la promesa de gloria que implicaba un triunfo
seguro, fue suficiente para aceptar aquel plan descabellado para los asesores
que tenían algún criterio político y operativo sobre atacar a Irán, como sea,
la operación se inició.
III.- "El viejo mundo se
muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".
Probablemente es este la coyuntura donde la frase de Gramsci adquiera su mayor
vigencia.
Con un tratado o declaración de término de la guerra, Israel pierde
la oportunidad para avanzar en su plan imperial de “Eretz Israel”. Esta es la
consecuencia más probable, pero además el avance para Netanyahu y sus secuaces
de juicios penales, por lo que es vital para los instigadores seguir y lograr
algún triunfo. Aquí entra a la consideración la “Opción Sansón”, es decir el
arma nuclear sobre sus enemigos iraníes.
Una segunda posibilidad es una “Operación de falsa bandera”, un
ataque sobre territorio estadounidense de tal magnitud, atribuido a Irán, que
justifique continuar con las operaciones, esta vez con infantería sobre el
territorio persa.
Se ha conocido en estos días de tregua, la existencia de un
plan para realizar una última incursión de parte de la coalición, de todo o
nada, una apuesta fratricida que de algún modo permita sostener un triunfo, en
fin, los monstruos son los imperios heridos.


