Proyecto "Escuelas Protegidas", criminalizar la infancia

Este martes 21 de abril, fue aprobada por parte de la Cámara de Diputados el proyecto denominado “Escuelas Protegidas”, iniciativa que ahora debe ser tramitado en el Senado en los próximos días.

El gobierno de derecha ingresó este proyecto concentrando todas aquellas nociones doctrinarias que les representan: control punitivo, orden vertical y autoridad. A partir de fenómenos sociales de honda complejidad, la violencia estudiantil está asociada a procesos vitales, entornos culturales y realidades sociales que exceden largamente la idea de que con castigo se puede revertir su incidencia en los entornos educacionales. En el debate técnico, en todo caso, hay abundante opinión respecto que la corrección punitiva es un ámbito que debe quedar en la última ratio, en lo posible solo en caso donde cualquier otra vía se ve superada, y nunca sin dejar posibilidad de reinserción y en la comprensión que se aborda el desarrollo de niños, niñas y adolescentes (NNA) que son sujetos de especial protección de parte del estado y la sociedad.

Porque, en definitiva, cuando este proyecto de ley apuesta políticamente a que no hay otras alternativas más que el castigo, se les señala como un grupo social que no merece ser atendido por otras vías, o se los presume como un antagonista al que se les debe castigar.

El proyecto ingresó el 6 de abril como mensaje bajo el título “Proyecto de ley que establece medidas de seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa”, permitiendo vislumbrar la impronta autoritaria de la gestión que estamos viviendo.

En los antecedentes del Mensaje, hace referencia al estudio Teaching and Learning Intenational Survey (“TALIS”), financiado por OCDE, en el que expone los niveles de estrés de docentes al mantener la disciplina en el aula. Se muestran cifras significativas en torno al 50% de docentes estresados en esta dimensión de la acción educativa. Pero al avaluar este índice respecto del gasto per cápita, aunque Chile no es el que menos invierte -en torno a los 8000 dólares anuales, las economías OCDE están en torno a los 16.000 dólares, se podría suponer, como han señalado distintos expertos y académicos, que con una mejor formación e infraestructura, el docente podría mejorar este índice que aparece como apremiante en el resultado de la encuesta, premisa del proyecto.

Pero hay un segundo índice que es mucho más llamativo, y que justifica, para el gobierno, este proyecto. Cito: “los datos del registro de denuncias de la Superintendencia de Educación Escolar asociadas a “Maltrato a miembros adultos de la comunidad educativa”, muestran un aumento sostenido en el total de casos reportados a nivel nacional, pasando de 441 en 2023 a 536 en 2024 y llegando a 716 en 2025...”. Esta ley pretende sancionar a todo un segmento de la población por la incidencia de 700 denuncias, que por supuesto deben ser atendidas con políticas públicas, pero hablamos de un universo de 463.923 estudiantes de 7.760 establecimientos en todo Chile (Sistema de Admisión Escolar -SAE).

El proyecto no se pronuncia sobre la incidencia de la violencia interescolar, por lo que suponemos que no es de la preocupación de las autoridades.

El mundo, y Chile, vivió una pandemia que según sicólogos sociales y educadores, ha marcado una profunda huella en una generación de jóvenes, que inciden de distintas maneras en las interrelaciones en los establecimientos, además del impacto de otros fenómenos como son los nuevos soportes tecnológicos que requieren mayor atención para incorporarlos como componentes de las situaciones de violencia escolar, siendo el caso de un liceo en Calama una alerta que debemos abordar como sociedad, donde el estado es el principal promotor de políticas públicas que acompañen aquellos procesos locales.

Hace unos días, la académica Josefa Aguirre alertaba desde una columna en El Mercurio “Violencia escolar: el costo de la mano dura”, al analizar sobre la “sanción expulsiva” como herramienta sancionatoria de NNA, cita estudios internacionales que correlacionan este tipo de medidas con la probabilidad de estar expuestos, en etapas posteriores, al sistema penal adulto: “… si la única herramienta que expandimos es la sanción expulsiva, corremos el riesgo de trasladar el problema de la escuela a la calle y de la sala al sistema penal…”.

Además de un catálogo de sanciones que abarcan dimensiones como “…revisión de mochilas, bolsos u otros efectos personales de los estudiantes…”. “…Revisión de vestimentas y efectos personales en establecimientos educacionales.”, “…Las instituciones de educación superior obligadas a otorgar estudios gratuitos a los estudiantes de conformidad con este título, pondrán término a este beneficio…”, todas que vulneran el interés superior de NNA, como idea matriz del orden jurídico.

Del tenor de esta redacción, aprobada este martes, y que debe continuar su tramitación en el Senado, con una reserva de constitucionalidad que deberá ser resuelta por el Tribunal Constitucional, en especial por el inciso que suspende la gratuidad, queda en evidencia que en el fondo la idea guía está entorno de la criminalización de expresiones de disidencia social y política, el gobierno aprovechó la oportunidad del impacto de hechos ampliamente expuestos en la opinión pública, se entiende que el castigo va detrás de aquellos que irrumpen el orden social, especialmente del movimiento estudiantil.

Como mundo de derechos humanos no podemos menos que estar de acuerdo en que es el Estado el que debe propender en abordar fenómenos como la violencia en los establecimientos, pero debe ser de acuerdo a estándares de respeto donde los sujetos de atención son NNA, y que todo lo que se haga en esta etapa de los ciclos vitales determinarán sus biografías futuras, además de asegurar otros derechos políticos.



 

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