Aprontes para el proceso

Uno. Un racimo, colgado en la parra frente a mi ventana, de su fresca forma casi nada queda, solo una masa de uvas secas y otras a medio camino de su estado final. De esta manera entiendo el sentido de los actos humanos, y por esta vía las complejidades de las relaciones sociales que se originan en ese atávico esfuerzo por sobrevivir.
Las señales parecen tan evidentes como las del racimo, es decir que no resisten pruebas en su avance inexorable al término del ciclo, por como la humanidad parece también avanzar a una conclusión igual de evidente.

Dos. Tengo el absoluto convencimiento que mientras exista el árbol, los ciclos se sucederán. En todo caso este ha sido particularmente deslucido, que se entiende por cuanto su sequedad inunda la visión, señalando nuestro fracaso en la recolección del fresco producto de la temporada. La humanidad ha fallado de muchas formas, pero la manera en que enfrentamos los desafíos es simplemente grosera, es como si no tuviera valor más que en el propio egoísmo de nuestra naturaleza.

Tres. Ese árbol es el que permite tener esperanzas y tiene nombre de niño –el brote- y es el que podamos construir. Aquí me quiero detener solo un momento para destacar la característica de este proceso colectivo. Y tiene que ver con que no podemos adosar nuestra carga de frustraciones a los brotes que permitiría que la nueva cosecha no tenga errores –que difícil en todo caso. ¿Se podría tener una herramienta de construcción que permita señalar un trazo y sean los propios sujetos los que determinen su dirección? Es el sujeto –hablo de los niños- espacios de integración -la mejor voluntad de avanzar y los horrores que se han cometido en nombre del bienestar de una comunidad. Es posible al menos intentar dar para que el aprendizaje del ser-estar; tener-hacer una posibilidad, una chance, que esta herramienta respete el proceso. En este dilema ético me parece que los valores esenciales serán por una parte la libertad, y el respeto por el contenido filogenético que arrastran lo que la epistemología específica llama “sujeto indeterminado”. Aparece aquí la aportación del Constructivismo(*), como camino posible que permite una aproximación responsable al fenómeno de la educación, desde la premisa del respeto al otro, de sus habilidades y potencialidad.
Sin embargo el camino requiere algunas previsiones y tiene que ver con la posibilidad al acceso de todos a un mínimo de condiciones materiales que hagan de este proceso un camino para todos y no para unos pocos “bendecidos”.

Cuatro. No tengo soluciones, solo propongo que se pueda indagar estos problemas, sospecho que estamos muy atrasados en las aplicaciones, pero que en la medida que se debatan podríamos permitir que en unas generaciones recomponer parte del daño que hemos ocasionado a nuestro medio social y ambiental.

* Constructivismo: Se refiere a una amplia gama de escuelas teóricas que proponen la construcción de la “realidad” en el sujeto, y por lo tanto posibilita que cada cual se aproxime al nivel que la estructura le permite, dando espacio para la otras valoraciones distintas a los sistemas que responden las preguntas del sujeto. Por esta vía se logra que la respuesta sea encontrada por cada uno con herramientas –materiales y conceptuales- y por tanto la solución pertinente a estas. Existe un momento que estas distintas aproximaciones requieren del consenso, del acuerdo colectivo para la construcción común.

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