Trump y el nuevo monarquismo, la decadencia de EEUU

Hace 12 meses se inauguró un periodo excepcional en la historia mundial, Leonardo Padura lo denomina “época universal… Era Trump”, al referirse a uno de los líderes más provocadores que se tenga memoria, asumió un segundo mandato en la nación del norte de América, arrasando con instituciones y personas con sus modos groseros, cínicos y violentos, asumiendo un papel superlativo en el orden mundial, exponiendo la fragilidad de un diseño planetario que por muchas décadas estuvo sostenido sobre el supuesto de la estabilidad que proveía el mercado globalizado y la democracia, el Orden Internacional Liberal, una escenificación que en verdad nunca significó mucho para los habitantes del Sur, pero que a pesar de aquello imponía un pie forzado: el planeta estaba en crisis -era cosa de ver los efectos del calentamiento climático, las pandemias y los crecientes enfrentamientos por recursos estratégicos, agua y alimentos- pero que en el supuesto de ese orden, permitía la crítica y activismo de baja intensidad del progresismo de nuestros territorios tercermundistas. Todo era una gran puesta en escena que nos tragamos con pelos y todo.

Con la vuelta de Trump, jalando el mantel de la mesa evidenció lo que criticaba nuestro activismo, un estado de las cosas que, en términos generales, tolerábamos en aras del avance de una agenda reformista que nos acercara a un “mejor vivir”. Se necesitó el desprecio de un personaje limítrofe, con una evidente condición mental perturbada, probablemente con un cuadro de Trastorno Narcisista de la Personalidad, y borderline, cuestión que queda en evidencia, por ejemplo, al escuchar la conferencia de prensa de este 20 de enero, que en dos horas se refirió a todo y a nada en especial, una demostración de deterioro en que se encuentra el personaje, para cerciorarnos que al final del día él es el síntoma de la decadencia norteamericana, el declive que ha sido enunciado por historiadores y cientistas sociales con evidencia empírica, pero que en ese descalabro está arrastrando a muchos países al precipicio.

Los politólogos Stacie E. Goddard y Abraham Newman acuñaron el neologismo Neo-Royalism (neomonarquismo) para describir el agotamiento de un orden fundado en la profundidad de la historia occidental, el sistema internacional westfaliano, en referencia Paz de Westfalia (1648) que sería el antecedente de la idea de Estados nacionales modernos, y que Trump desgarra de manera alevosa a vista y paciencia de líderes que no esconden su genuflexión. El Neo-Royalism es una explicación que permita especular sobre el surgimiento de un orden premoderno, coincidentemente con la tesis de Yanis Voroufakis y el Tecnofeudalismo, en tanto el poder se difumina en los oligarcas de Tech que refuerzan y alimentan la megalomanía del autócrata Trump.  

También se podrían comentar alguna de las 200 medidas ejecutivas que debían tener efecto doméstico en EEUU, pero que por la magia del poder imperial han afectado a tantos millones de habitantes de muchos rincones, parece una experiencia sacada de una comedia, y lo más probable es que esto solo sea el inicio de una etapa aún más impactante. Vengo repitiendo desde hace un par de años de la posibilidad de una guerra civil, de hecho, es la tesis del académico canadiense Thomas Homer-Dixon, que advierte sobre los treinta millones de trumpistas -militantes MAGA- que manejan arsenales en sus domicilios, que a la orden de “defender” al líder podrían salir a acabar con los enemigos internos: latinos, afroamericanos, musulmanes, progresistas woke y a cuanto sujeto se le cruce.

Y en este juego de especulaciones, tengo dos momentos de 2026 que se deben observar con expectación, por la posibilidad de una ruptura de magnitud: el 4 de julio celebran 250 años de la firma de Declaración de la Independencia, en que se realizará un desfile militar en honor del líder (ha trascendido que dentro del ejército existe un creciente descontento por como se ha ido perfilando esa celebración “monárquica”); y el 2 de noviembre es la elección de medio mandato (midterm election) que renueva la cámara de representantes, y parte del Senado. Según algunos sondeos es probable que Trump pierda el control de uno o ambas instituciones. El antecedente de cómo recibe una derrota electoral fue lo que aconteció el 6 de enero de 2021 y el asalto al Capitolio.

Una de las características de la administración del presidente convicto es la incertidumbre que provocan sus cambios de ánimo, y por lo tanto lo abierto de los escenarios a proyectar. El impacto de esta administración está abriendo límites de perspectivas, pero hay algo que si es seguro: EEUU está comenzando a vivir su ocaso, y Trump es su expresión más inmediata.  



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