Bad Bunny, la salsa y las nuevas audiencias

 Hace un año vivimos un pequeño hito en Maestra Vida.

En esos días se conocían los track del último disco del boricua Benito Martínez Ocasio, identificado por miles de millones de personas como Bad Bunny, un talentoso músico, compositor y cantante -algunos señalan que es mucho mejor letrista que intérprete, una crítica a un estilo de canto que parece más generacional- que inmediatamente destacó no solo por el hecho de ser un personaje del mainstream planetario, sino que por la presentación de “Debí tirar más fotos” (DtMF), un disco que quebraba con su discografía previa.

Llamó la atención a los cultores de ritmos afroantillano, especialmente, porque en su larga duración se agregan un par de arreglos originales, junto a otros sampleados, que suenan al ADN del canon salsero, repertorio ampliamente reproducido en nuestro local.

La madrugada del 10 de enero de 2025, dj Shurrylais programó por primera vez “La Mudanza”, una canción biográfica que habla de la infancia de Martínez Ocacio en Puerto Rico, con un arreglo de salsa que prendió entre los bailadores del local, aquella noche se había presentado en vivo Javiera “La Caimana”, lo que aseguró una audiencia eminentemente salsera que bailó por primera vez aquella composición.

En todo caso no era la primera canción del puertorriqueño que se ha programado por los djs. Desde 2018 se amplifica regularmente una colaboración junto al exponente de la salsa romántica Victor Manuelle “Mala y peligrosa”, por lo que “La Mudanza”, y luego ese fin de semana dj Maringapresente programó el hit de todo 2025 “Baile Inolvidable”, inauguraron la presencia definitiva y estelar del cantante caribeño en las noches de rumbas maestrísticas.

Ciertamete que del disco de 17 temas, esas canciones son las que mejor representan al género, pero además por una puesta que parece un giro singular que se ha producido en la carrera del creador de hit comerciales, de reguetón y trap,  alimentando una industria que fagocita éxitos para las plataformas en un mercado casi infinito de miles de millones de potenciales auditores, cada track ha sido un proyectil que genera millonarias ganancias en toda su carrera, escuchar un trabajo que reivindica política y culturalmente una pertenencia nacional, difundiendo la plena como ritmo identitario de la isla, y apelando a una cierta pertenencia latinoamericana, fue una sorpresa, en especial para muchos que no comulgaban, o no entendían el género de la música “urbana”, que es el registro habitual de Bad Bunny.

DtMF es una declaración política sobre el ser puertorriqueño, pertenecer a un territorio insular asociado a los EEUU con un estatuto singular, pero que para un segmento de su población le ha significado más costos que ventajas, y que en una época en que la presencia de la identidad latina está siendo perseguida y criminalizada por el gobierno de Trump, esa declaración musical adquiere otro significado, de hecho su publicación adelanta en dos semanas la asunción del republicano en su segundo mandato, algo que ratifica aquella idea sobre la cultura como espejo de las coyunturas históricas, su sonido se ha transformado en este año en una declaración de resistencia para miles de latinos que son perseguidos, encarcelados y deportados por el estado reaccionario norteamericano.

Pero en un sentido mucho más específico, el aporte del disco, y las dos canciones que mencionamos, además de un par de sampleos de temas del Gran Combo de Puerto Rico, lo cierto es que, en una etapa de dispersión de nuevas audiencias de cultores de la salsa, aquellas composiciones han revitalizado el género del son en nuevas audiencias, un desafío que no había logrado conseguir otros esfuerzos por difundir y enseñar la rica tradición de al menos 7 décadas de música, que se hunden en siglos de mestizaje cultural y que en una síntesis histórica y comercial entrega lo que conocemos e identificamos como salsa.

Una de las grandes virtudes del son es su inmensa permeabilidad, pues por él pueden pasar diversos tipos de música popular y permanece definido, firme, aupando un abierto proceso de enriquecimiento.”. César Miguel Rondón en “El libro de la salsa”, realiza una definición del género que adquiere una particular vigencia al entender la posibilidad de actualidad que adquiere en la interpretación de Bad Bunny.

Solo una semana después de aquella primera programación, un martes se presentaba una banda de fusión, de espectadores que no eran parte del circuito salsero, sonaron los temas del boricua y la muchachada coreó “Baile inolvidable” sin disimulo, sin ninguna intención de bailarla, esa escena puede explicar el impacto de un trabajo como el que mencionamos.  

La falta de nuevas audiencias de un circuito de lugares que cada vez se asemejan a clubes de cultores etarios que pasan las 5 décadas, coloca en tensión las posibilidades de sobrevivencia de esta música compleja y diversa que representa, después de la cumbia, una de las mayores identidades del continente latinoamericano, es un tremendo logro que en los tres conciertos que Bad Bunny realizó en el Estadio Nacional, aquellas canciones hayan sonado a coro por miles de personas, como no había tenido ninguna otra ocasión otro representante de este género, es a todas luces un desafío: acercar a parte de esos miles de espectadores y fans a conocer otros intérpretes y estilos, aprender a bailar o simplemente a disfrutar una noche de salsa en Maestra Vida.  

 

 


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