Trump, (EEUU) el tiburón sigue asechando
UNO. Este 3 de enero será incorporado como un momento estelar de la historia, un hito en la que instituciones como el derecho internacional, la democracia y la soberanía de los pueblos se han visto despreciada de modo fragrante por la administración norteamericana.
¿Pero esto es especialmente excepcional en la historia de EEUU
respecto de su relación con el mundo? Y la respuesta obvia es no, es la
normalidad de los 200 años –“El Siglo Americano”- de despliegue de poder
militar y económico, incluso en contra de lo que se ha pretendido señalar como
rasgo distintivo de la identidad del país del norte: su aislacionismo.
La verdad es que toda la narrativa de un “orden internacional
liberal y globalizado” sustentado especialmente desde el fin de la guerra fría,
se ha construido con el objetivo de responder a los requerimientos de
desarrollo y preeminencia de la nación del norte, ser el único hegemón
del mundo.
A principios de diciembre último se conoció el documento Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, del
que cito dos pasajes de la introducción: “El propósito de la política
exterior es la protección de los intereses nacionales fundamentales; ese es el
único enfoque de esta estrategia.”, y “…los asuntos de otros países solo
nos incumben si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses.”.
Parece suficientemente claro de la lectura del documento, que funda el llamado “Corolario
Trump a la doctrina Monroe”, una revisita en clave de este siglo de una noción que
fue planteada en 1823 en otro contexto histórico, pero que en este tiempo ha
mantenido una vigencia latente y expresiva en un ciento de acciones imperiales sobre
el mundo y nuestro continente.
Para hacer más clara la
referencia, se le preguntó al líder norteamericano el 5 de enero, a raíz de la
operación de secuestro de Maduro: “¿Está usted reviviendo la doctrina
Monroe?” (respondió) “… Significa que Estados Unidos es el jefe de este
hemisferio. No vamos a permitir que China, Rusia o Irán tengan presencia en
nuestro patio trasero. Durante demasiado tiempo dejamos que nos pisotearan. Eso
termina hoy. Este es nuestro vecindario y lo vamos a mantener limpio y seguro.
La doctrina Monroe fue algo grandioso, pero no tenía los dientes que yo le
estoy dando.”
DOS. En nuestra condición de latinoamericanos, interpretamos
los procesos desde una óptica temporal inmediata, y desde la década de 1990 que
no había una evidencia tan dramática de la presencia nociva del imperio del
norte en nuestro continente, a parte del bloqueo permanente sobre Cuba, o el
hostigamiento de baja intensidad sobre algunos países como Haití. EEUU, desde
el fin de la guerra fría, había vivido su propio camino de acomodo a esa nueva
condición de triunfador, la instalación de un mundo unipolar que le daba un papel
estelar como ninguna otra potencia había logrado en la historia de la
humanidad. En ese contexto, para nuestro continente, la última intervención
abierta y televisada fue en Panamá el 20 de diciembre de 1989 en que fue
capturado Manuel Antonio Noriega, exsocio de los mismos norteamericanos y que
había caído en desgracia.
Puede que, desde aquella acción, en otro contexto histórico,
pero similar en su resultado inmediato, dio un espacio temporal que nos cegó, distrajo
esa vieja tradición política de militantes e intelectuales progresistas del
siglo XX que denominaban al imperialismo como un antagonista claro y sin escrúpulos,
muchos políticos supusieron que esa categoría, el antimperialismo, era una noción
estrecha para explicar el comportamiento del país del norte.
A pesar de que EEUU no es el mismo que salía triunfador y
fortalecido de la guerra fría, el de ahora es un país cansado y en decadencia
-así lo señalan una decena de indicadores económicos y sociales-, y tiene un retador
que le pisa los talones, China. Si la excusa es que a nivel doméstico el
presidentes exconvicto Donald Trump debe cumplir su compromiso con su base de
apoyo político: no involucrar contingente militar en tareas de infantería en
territorios de ultramar, además estar en un año de elecciones intermedias en
noviembre, es probable que su principal restricción sea la fatiga de material
para realizar otra cosa que acciones “quirúrgicas” de escala contenida y
focalizadas, no operaciones que requieran apostar contingente en territorios bombardeados,
por lo que de momento es lo que se pueden dar por cumplido, secuestro de Maduro
y su esposa, muestra de capacidad tecnológica-militar y despliegue con un
motivo suficientemente poderoso: el petróleo venezolano, un motivo declarado en
las semanas previas, nada de democracia o soberanía, simplemente combustible
para mover una economía que está sobrecalentada de deuda pública que se sigue
abultando, con una deficiente mano de obra poco calificada, con un deterioro
social impactado por “muertes por desesperación” (consumo de drogas y
suicidios) de miles de norteamericanos que nos soportan el peso de la
existencia en una sociedad dividida, decadente y empobrecida.
La acción que conocimos el 3 de enero dejó, algunas ideas que
creo, es indispensable tener como referencia para el futuro inmediato:
- La administración de
Trump, por su personalidad narcisista, tiene una postura que se le podría
denominar “Honestidad Hipócrita”, pues señala con claridad que las
acciones que impulsa en Latinoamérica, y potencialmente en Groenlandia, es
por recursos y posición geopolítica. Lo que indica es la necesidad de
mantener su posición como hegemón, es decir como potencia mundial;
- Que la ocurrencia de
esta acción unilateral se da para entregar el mensaje: EEUU no necesita de
nada más que de su poder y presencia para hacer cumplir sus requerimientos,
en este caso energía, materias primas y posición geopolítica, nada de
democracia, soberanía, Derechos Humanos, o derecho internacional;
- No debemos perder de
vista que esto demuestra lo que Emmanuel Todd propone en su libro de 2024
“La derrota de Occidente” sobre la decadencia de EEUU, el modo de poder
contener ese proceso es con más territorio, más recursos materiales, o más
poder militar para imponer sus deseos imperiales, por lo que Venezuela es
su manifestación inmediata.
Por otro lado, es válido sostener
la tesis de Maurizio Lazzarato en su ensayo “¿Hacia una guerra civil mundial?”
(2024) en que sostiene que no estamos ante una crisis temporal del capitalismo,
sino ante una reconfiguración permanente del conflicto, donde la guerra civil
deja de ser un hecho excepcional y se convierte en una forma normal de gobierno
a escala global.
TRES. El lenguaje “soft power” sobre democracia liberal, globalización
neoliberal, orden mundial equitativo, cooperación, derechos humanos y
humanitarios, y otras nociones obnubiló al menos a dos generaciones de
militantes y activistas del progresismo de nuestro continente, que desecharon
el “antiimperialismo” como una categoría estrecha del siglo XX, o al menos, de menor
relevancia para explicar acontecimientos y fenómenos de relaciones hemisféricas
del siglo XXI.
Este reconocimiento, en todo caso, sobre su vigencia no habría
evitado el desastre que está provocando la invasión del Caribe, o la inminente
presión fratricida sobre Cuba para que arríe las banderas de la revolución, que
por cierto si no es porque el principal componente productivo que mantiene la
isla no es del interés inmediato del imperio del norte, aunque la declarada frustración
que implica su presencia a 145 kilómetros del territorio continental, habría tenido
otro tratamiento, o es porque simplemente nunca han podido con ese país y su
proceso.
En definitiva, es en este punto donde deberíamos recomponer
nuestros vacíos teóricos sobre el imperialismo, aquellas categorías que permitieron
a varias generaciones de luchadores sociales en el siglo pasado, estar atentos
a los actos hostiles de EEUU y sus secuaces cipayos nacionales, hoy debemos
retomar esa tradición, porque el imperio nunca se fue o se durmió, como dice la
canción de Rubén Blades, Tiburón: “Solo el tiburón sigue despierto / Solo el
tiburón sigue buscando / Solo el tiburón sigue intranquilo / Solo el tiburón
sigue asechando… Pobre del que caiga prisionero / Hoy no habrá perdón para su
vida”.


