El ludismo en la era de la inteligencia artificial, resistencia
I.- Existe una página en internet que lleva por nombre willrobotstakemyjob.com, es una plataforma automática que entrega el riesgo en porcentaje de actividades laborales de ser reemplazada por robots. Sus respuestas parecen parte de un juego, una especie de morbosidad a esta altura sobre el impacto que tiene la “automatización robótica” y de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sobre distintas áreas de la producción humana.
Hace unos días la utilicé
ingresando distintos oficios o profesiones y las respuestas estuvieron más o
menos con lo que señalan diversos estudios sobre la materia. Por cierto, que
las respuestas se notan con algunos sesgos, que no solo tienen que ver con la
antigüedad de la página, es de 2013, parte de un estudio académico de la
Universidad de Oxford titulado "The Future of Employment: How
susceptible are jobs to computerization", publicado por los
investigadores Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne. Su principal sesgo es
que fue pensada para responder sobre el mercado laboral de EEUU, pero es un indicio
del fenómeno al que estamos asistiendo de modo acelerado en el mundo.
Las respuestas, en
general, que referían a actividades físicas, repetitivas y calificadas de bajas
competencias, el riesgo es siempre alto, sobre 60%, en cambio las que se
desarrollan en tareas especializadas, señalan que sus riesgos son bajo el 30%. Pero
esta es una perspectiva que puede ser engañosa. Hoy la pérdida de actividades
especializadas por automatización y la IAG que requieran enfoques de cierta complejidad
cognitiva se está produciendo, dentro de las disciplinas en tareas donde
existan procedimientos susceptibles de generalización, están siendo realizadas
por bot con entrenamiento, por lo que incluso abogados, médicos y arquitectos
(por mencionar alguna de las profesiones de mayor prestigio) están en riesgo
cuando se trate, por ejemplo, de redactar un contrato, realizar un primer
diagnóstico o dibujar un croquis, la IAG puede desenvolverse correctamente.
Diversos estudios
vigentes, como “Future of Jobs Report” de 2025 del Foro Económico Mundial, han
señalado -de modo optimista como no- que al 2030 un 7% de nuevos roles, es
decir 78 millones de puestos de trabajo, se habrán incorporado al sistema en
los países desarrollados. También se mencionan los estudios AI-OCI (AI
Occupational Capability Index), o Índice OAI (Occupational Automation Index) de
Gao y Huang, ambos de 2026 hablan de riesgos, pero desde una mirada optimista
del proceso de transformación.
II.- Sabotaje es una
palabra que viene del francés sabotage, de la raíz sabot que
significa “zueco” o calzado de madera. La historia cuenta que los campesinos
franceses, en el proceso de migración a la ciudad en el siglo XVIII, al
incorporarse en las industrias de telas, en el campo eran las máquinas de
trillar, este accesorio fue usado como forma de protesta por las condiciones de
trabajo, lanzaban el calzado a las máquinas para dañar y detener la producción.
Gavin Mueller en el
ensayo “Romper cosas en el trabajo” (2023) cuenta el contexto en que se
desarrolla aquella señera forma de resistencia conocida como “ludismo”, un
movimiento de organización y protesta que se despliega en Inglaterra al inicio
del siglo XIX, toma su nombre de la experiencia de Ned Ludd -la mitología
popular lo nombró rey Ludd-, un artesano que en 1778 destruyó telares mecánicos
como forma de protesta, por la pérdida de labores que hasta ese momento lo
desarrollaban una serie de artesanos especializados. Señala Mueller que este
movimiento recoge aquella inspiración, para representar tanto el acto del
sabotaje sobre aquellos instrumentos que impactaban en la pérdida de trabajos,
pero a la vez representaba una forma de organización -clandestina- que exigía
mejoras salariales a los dueños de los medios de producción. Según el autor, el
ludismo fue una forma consiente de resistencia de clases, no solo un acto de
vandalismos reactivo, Eric Hobsbawm señala: “(no) …existía hostilidad alguna
hacia las máquinas en sí mismas. El desguace era simplemente una técnica
sindical … durante las primeras fases de la Revolución Industrial.”.
III.- En nuestra etapa histórica,
la IAG no es solo medio de producción, sería capital en una forma avanzada que
enajena a los trabajadores del conocimiento y del control del proceso
productivo propiamente tal.
En el horizonte, el despliegue
la IAG y la automatización no es solo proceso mecánico, es además cognición,
cada vez de forma más complejo, en una perspectiva que nos obliga a ser
pesimistas, y no solo por el uso cotidiano de aquellas herramientas, mediadas
por software y algoritmos, sino porque inmediatamente deja al margen a un
importante segmento de la población, sin considerar el impacto en el medio
ambiente, y el uso intensivo de energía, además de la orientación política e
ideológica que está adquiriendo en el marco de la crisis capitalista en
occidente.
Si tuviéramos que situar
en nuestro presente aquellos artesanos especializados que fueron los primeros
en sentir el impacto de las máquinas tejedoras, hoy ese segmento es,
contradicción de las circunstancias, los programadores e ingenieros que
interactúan con los programas y los hardware, que están siendo despedidos de
forma masiva porque ya la IAG puede realizar aquellas labores de programación
de forma mucho más rápida que los operarios.
Si la historia permite dar ejemplos, serían esos trabajadores los que encabecen el sabotaje de las máquinas. La dificultad es la desterritorialidad de los centros de control, por lo que la tarea es mucho más compleja, pero urgente y necesaria, puede ser que en este presente, en que hay un descontrol de estas herramientas, ese acto de protesta sea una única oportunidad.


