4 de julio: EEUU y el ocaso de un imperio

EEUU está de cumpleaños. El 4 de julio hace 250 años un grupo de 56 hombres blancos, miembros de las élites de las colonias británicas firman The unanimous Declaration of the thirteen united States of America (La Declaración Unánime de los Trece Estados Unidos de América).

Por cierto, es un hito relevante para la nación del norte, y por su significación y magnitud trasciende sus fronteras, especialmente cuando los fundamentos que llevaron a la independencia de la Corona Britanica y del Rey Jorge III, están en crisis, una de magnitud que define el presente y determinará el futuro de occidente y nuestra región.

Este aniversario, y la crisis, la abordaré desde dos dimensiones.

Una sobre los mitos sobre el “Excepcionalísmo norteamericano”, y “Destino Manifiesto”, que explica la expansión imperialista; y otra sobre la supervivencia y decadencia de estos preceptos.

“Excepcionalísmo norteamericano”, y el “Destino Manifiesto” como base de la identidad norteamericana.

Estos conceptos están en su base de identidad. El excepcionalísmo es la creencia que EEUU se funda en la diferenciación respecto de otros estados modernos, pero especialmente de las monarquías europeas, sobre la preeminencia de las ideas republicanas que inspiraron a los fundadores para dar el paso y separarse de la corona británica.

Influido por, entre otros filósofos de la Ilustración como Alexis de Tocqueville, que relevaban aquellos rasgos particulares de la independencia de la Unión, hombres que desconfiaban del derecho de los reyes para gobernar a las colonias, pero que además, creían que esa idea es parte de un designio divino, influencia directa de los puritanos que fueron los primeros europeos, los que habían huido de la persecución religiosa en el viejo continente, encontrando en los territorios del norte una “Nueva Israel”, la tierra prometida.

Esta confluencia de ideas, empujan la consolidación de la nueva nación en el siglo XVIII, asignando una autoimagen mesiánica, urgente y de esfuerzo del individuo contra la adversidad de un continente y sus recursos dispuestos como premio de ese esfuerzo, construyendo el relato de ser un grupo humano superior y privilegiado.

Por otro lado, el periodista John O’Sullivan en una columna titulada “Anexión” y que celebra la adhesión, en 1845, de la República de Texas a EEUU. “Texas ahora es nuestro (...) Entra dentro de la cara y sagrada designación de Nuestro País… Otras naciones han emprendido una (...) interferencia hostil contra nosotros, con el objeto declarado de frustrar nuestra política y obstaculizar nuestro poder, limitando nuestra grandeza y frenando el cumplimiento de nuestro destino manifiesto de extendernos por el continente, asignado por la Providencia para el libre desarrollo de nuestros millones que se multiplican anualmente”. 

En estas fórmulas ideológicas se fundamenta en parte la política imperial de EEUU en estos 250 años, una identidad que tiene de por medio 500 intervenciones militares, según lo señalan las politólogas Monica Duffy Toft y Sidita Kushi que las estudiaron (Proyecto de Intervención Militar. 1776-2019), uno de los trabajos académicos más citados respecto de este aspecto central de la presencia norteamericana en ultramar, y que no deja dudas de la vocación expansionista del país.

Hoy, en esta coyuntura en que se observan claramente las grietas del relato de superioridad mesiánica, aquellas fórmulas parecen extemporáneas, pero con un poder económico y militar aún superlativo.

El vacío del Excepcionalísmo y el Destino Manifiesto.

La pretensión de estas ideas está en que los integrantes de la comunidad que son parte deben estar dotados de aquella potencia, y lo que realmente señalan distintos analistas y estudios sociales va en otra dirección.

i)                Angus Deaton y Anne Case en su estudio: “Muertes por Desesperación y el Futuro del Capitalismo”, publica en 2020, exponen el fenómeno del descenso de la esperanza de vida de la población adulta por efecto de lo que se denomina como “muerte por desesperación”, en que se identifican tres causales: Suicidios; Sobredosis de drogas (opioides y fentanilo); y, Enfermedades relacionadas con el alcohol (cirrosis, intoxicaciones, etc.).

ii)              El invierno demográfico. Del mismo modo como el decrecimiento afectan críticamente a casi todas las naciones del hemisferio, pero es especialmente impactante para un país que se pretende expansionista, requiere mantener una tasa de natalidad que asegure recambio para proyectar cualquier idea imperialista. El índice de natalidad para el 2022 era de 1,6 hijos por mujer (la tasa mínima de mantención es de 2,1).

iii)            Indicadores de capital cultural, índice que se ha ido evidenciando en las últimas décadas, presionando el proyecto de EEUU, por la ausencia de “inteligencia” que releve y ocupe las posiciones que pretende mantener para su economía. Solo cerca de 37% de la población adulta accede a educación de pregrado y postgrado (cifra coincidente en los países OCDE), pero es en el área STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), estratégico en esta coyuntura tecnológica y para competir especialmente con China por la hegemonía, es alarmantemente baja respecto de los principales países OCDE que promedian 30%, en EEUU es solo 7%.

 

Este es un resumen que pone una perspectiva que refuerza la idea de la crisis de aquellos conceptos que le dieron sentido y sustento al poder imperial de EEUU en estos 250 años, pero que en el futuro cercano se observa decadente, sin posibilidad de reafirmar ni su “Excepcionalísmo” y el desgaste del “Destino Manifiesto”.


 


 

 

 

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