Geopolítica y guerra desde el Sur
UNO. En 2017 el politólogo norteamericano Graham Allison acuñó la expresión “Trampa de Tucídides”, concepto que pretendía identificar los procesos de acenso/descenso de hegemonías mundiales a través de la historia, que se enfrentan por quién logra la supremacía. En concreto Allison analizó 16 conflictos, desde la Guerra del Peloponeso (411 antes de nuestra Era), entre Atenas y Esparta, a EEUU vs. URSS, y en sucesivos ciclos en que una potencia emergente desafía a una hegemónica, en 12 de estas experiencias se produjo un enfrentamiento militar directo. A partir de esa recurrencia, sitúa esta coyuntura en la que China es una potencia emergente, desafía a EEUU, la potencia dominante (y decadente), le da sentido la cita al historiador clásico: “Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”.
Los acontecimientos en el Golfo Pérsico han sido dinámicos,
vertiginosos incluso, en este momento se encuentra en un status quo de
“negociaciones”, esto último señalado de un modo incierto pues, y a pesar que
existe un sece al fuego, las declaraciones de Trump -intempestivas y cambiantes-,
en las que se registran expresiones que van de la afirmación, improbable, del
triunfo para la coalición sionista-norteamericano, hasta las amenazas a los
persas de soportar una destrucción fratricida, lo cierto es que detrás de toda
esa performance delirante se trasluce una absoluta, y de pronto humillante,
derrota. Las consecuencias inmediatas son: la evidencia de la crisis del
capitalismo neoliberal dependientes de fuentes energéticas fósiles; las
consecuencias del sunami económico que se avecina a todas las costas del mundo;
la reconfiguración de poderes en la región de Golfo Persico y Oriente Medio; y
de las ventajas logradas por el bloque que ha mostrado respaldo a Irán
(China-Rusia).
Si se cumple lo de la “Trampa de Tucídides”, en un
enfrentamiento abiertamente militar entre las dos potencias que están en
disputa, las consecuencias serán aún más profundas para el mundo. En este
momento, y de modo similar a como se desplegó la guerra fría, el enfrentamiento
está siendo indirecto.
DOS. Me quiero detener en una
cuestión que desde nuestra ubicación en el mapamundi, al sur del sur del mundo,
y en general para los territorio del Abya Yala (los pueblos originales nos
describen como “tierra en plena madurez”), el que seamos este apéndice,
encadenados al bando agresor, que en algún momento, deberán rendir cuentas a la
historia por las fechorías cometidas, las categorías analíticas que usamos para
entender nuestra ubicación nos da una oportunidad para situar nuestras
fortalezas y debilidades.
Una primera aproximación tiene que ver con el instrumento de
análisis, la “geopolítica”, en su acepción se la relaciona a los contextos
geográficos -físico y humano- en torno a las relaciones de los estados y sus
interacciones de poder en escenarios mundiales. Esta descripción señala una tención
evidente: su función analiza estructuras en las que los componentes se ordenan
desde quienes detentan la hegemonía, las metrópolis, los imperios, en norte
global.
Desde esta definición, nuestros pueblos son un fondo, un
depósito de recursos y habitantes que se ven arrastrados a soportar las
consecuencias de las tenciones globales, sin mucho margen para exponer vías
distintas a las que se dictan desde el norte hemisférico, más aún después de
esa declaración de poder imperial decadente: el “Corolario Trump” a la Doctrina
Monroe, que se conoció como edicto en noviembre pasado.
TRES. Hemos sido parte de la historia,
como experiencias y víctimas, del poder desplegado por los señores imperiales.
Luis Santa Cruz en su ensayo “Geopolítica y contrainsurgencia” (LOM, 2025) nos
aporta 2 perspectivas de estas interacciones. Primero, la utilización crítica
del instrumento de análisis “geopolítico”, esta vez para describir las
tenciones y conflictos en el continente como parte de un registro de relaciones
con un elemento común, la presencia del imperio y su impacto en el orden latinoamericano;
y segundo, reconocer en la experiencia de Guatemala, donde el mismo Santa Cruz
fue comandante guerrillero de la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala
(URGN), país que en 1954 soportó la que es reconocida como la primera
intervención, por medio de la CIA, en un país de la región en el derrocamiento
del presidente Jacobo Árbenz, un modus operandi que se transforma en una
recurrencia en más de 20 intervenciones entre ese año y 2026.
El que podamos construir vías analíticas críticas, utilizando
instrumentos teóricos reconocidos, es parte del desafío para sobrevivir, desde
el sur, este tiempo compulso y violento.


