Vestido verde, cometa y gravedad.

Cada paso tiene un nombre adherido en el silencio, en la baldosa, o en la grieta desgastada del piso, en la forma definitiva del zapato sobre el noble material del parqué. Y fijo mi vista en cada movimiento, sigilosa ruptura de ese espacio que va de la mesa al umbral de la puerta, y luego desapareces, no hay más que la estela de tu vestido verde.

¿alguna vez has contemplado tu paso directo a ese infinito lugar que está por allá?


Observo esa ágil gracia, y el vestido verde, por supuesto, es la cola de tu cometa, la señal de una elipsis que espero impaciente regrese a mi órbita, y como un sabio pasmado se da cuenta que yo soy el que se mueve entorno a tu gravedad, tú simplemente esperas que las fuerzas del universo cumplan con las leyes inmutables de la eternidad: yo girando al ritmo de una revolución que tiene tu nombre.

Entradas populares