Salto

La bicicleta se desliza por la calle empinada. Va de bajada por la única pendiente de una ciudad casi plana. Su pensamiento solo tiene el sonido del mp3. Trance, piensa, es mejor estar en trance, disfrutar el momento y olvidar las circunstancias.
No siente ni el llamado, ni el alerta, solo disfruta la sensación de ser libre un momento. La osadía se paga cara en este mundo de atenciones absolutas, la distracción es un lujo de la modernidad controlada de ciudades siempre preparadas para contener y castigar la distracción. Es como el ocio reprochado por su improductividad.

Cuando llega el golpe, sin aviso, sin previsión, sin alarde, los segundos en el aire son el regalo que precede el silencio, serás ave por un par de metros antes de que la gravedad  te exija el costo de la osadía de saltar como los pájaros, la rebeldía de la distracción.

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