Constitución de saber y disputas en el campo de las prácticas políticas. Tres lecturas: Immanuel Wallerstein, Roberto Esposito, Jean-Francois Lyotard

Introducción

Las lecturas que se realizan en este informe tienen por objeto complementar la visión sobre distintas tensiones que se dan entre las categorías de conocimiento, ciencias sociales, y persona -esta última en su condición de creador de conocimiento y objeto de estudio.
Estos constructos se han visto forzados en el debate que se ha dado en las últimas décadas, por los efectos de las contradicciones que significa hablar de constitución de conocimiento cuestionando el sentido útil que tiene ese acervo, y aquellos que incentivan y apoyan temas y tendencias académicas. Los gobiernos y las empresas trasnacionales -que en muchos casos tienen mayor capital financiero que algunos estados del tercer mundo-, incentivan y propician la elaboración de investigación en ciencias duras y ciencias sociales -dos categorías que también provocan debates sobre su pertinencia, y que aparentemente quieren decir ciencias duras como aquellos saberes no vinculados a las conductas humanas- orientadas a la prospección y explotación de materias primas y luego a conocer las condiciones de existencia de las poblaciones que rodean las concentraciones de recursos naturales que sirve en los procesos productivos del primer mundo.
Una referencia de este esfuerzo puede ser los aportes económicos que realiza la cancillería alemana en América Latina en el área de los derechos humanos y las disciplina sociales y que implica la posibilidad de tener influencia en estas áreas previo a reconocer sus intereses en negocios en la región[i].
Todas estas cuestiones son las que pueden ser entendidas en la reflexión sobre los tópicos que se señalan y que están a nivel ontológico, si se quiere, y es la base para la construcción de relaciones entre el poder y el saber de manera mucho más claras (cosa siempre difícil a la hora de valorar la dirección de la investigación social).

Los textos que se ofrecen son: 

·         Immanuel Wallerstein: de “Conocer el mundo, saber el mundo. El fin de lo aprehendido” el apartado 14 “La ciencia social y la búsqueda de una sociedad justa”;
·         Roberto Esposito: de “Tercera Persona” capitulo 2 “Persona, hombre, cosa”;
·         Jean-Francois Lyotard: de “La condición Postmoderna” capítulos 1, 2 y 3.

Tesis de los autores

Immanuel Wallerstein realiza un recorrido por los principales hitos paradigmáticos de la construcción del conocimiento[ii]. La constitución de conocimiento y sistematización de saber[iii] ha estado determinada en la historia humana por etapas marcadas por hegemonías ideológicas. Mientras en la antigüedad el conocimiento y saber se lograba sustentado en un pensamiento mágico o teológico, desde la ilustración se desarrolla un predominio del filósofo, que es una especie de figura que reemplaza al teólogo en la validación, hasta la modernidad en que es el metodólogo es quien tiene la responsabilidad de la legitimización del conocimiento y su sistematización.
Pero este esquema propone un elemento adicional que es central en la concepción del autor “(…) el saber siempre será una búsqueda, nunca un punto de llegada (…)”[iv]. Wallerstein propone reinstalar una de las grandes escisiones que se produjo desde el conocimiento pre-moderno, un ethos que hace referencia al hacer construcción de saber en una perspectiva axiológica “(…) buscar una ética, unir objeto y objetivo (…)”[v] en miras de una utopía. Esta idea es pertinente teniendo presente las profundas contradicciones –antinomias- que se produce a la hora de comprobar el objetivo del conocimiento y que es el control de la población y mejorar procesos productivos en el capitalismo neoliberal.

 Jean-Francois Lyotard[vi][vii] nos propone entender el fenómeno de la constitución del conocimiento y saber desde la eclosión de la técnica y las transformaciones que logra en relación con el poder.
“El saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial (…)”[viii] Esta idea quiere referir, primero que nada, que estamos en una nueva etapa de relaciones productivas y que el pensamiento -la constitución de conocimiento y saber- también cambian de forma radical – una radicalidad distintiva en la revolución tecnológica-. Culturalmente esta etapa se denomina postmodernidad.
Pero el camino que hay entre el impulso de conocer y constituirse en saber al cumplimiento de una legitimidad determinada por los validadores metodológicos es la misma que ha determinado desde el advenimiento de la modernidad, es decir, en esta etapa el rasgo distintivo es la racionalidad puesta en perspectiva de constituir conocimiento y saber, la postmodernidad le da un impulso vertiginoso.
Lo que cambia es la concentración y valoración del acervo –valor de cambio- del conocimiento y saber.
Otro mecanismo que se ratifica como propia de la constitución del conocimiento (y que de alguna manera se mantiene desde la modernidad) es el lenguaje que refiere a método. Lo que caracteriza a la postmodernidad es el alto grado de complejidad que adquieren los códigos de comunicación y lingüísticos. Lo que se dice de algo, en especial cuando se habla de conocimiento debe ser permanentemente puesto de cuestión.

 Roberto Esposito indaga en el dispositivo “persona”, constructo esencial para comprender la constitución del saber (como se ha señalado opera en dos niveles: persona como quien construye conocimiento, como para quien es ese conocimiento).
Persona es un concepto central en la validación de las ciencias sociales, le da sentido y sustento.
El problema es que al igual que otros constructos como “conocimiento”, “sujeto”, “ciencia”, “ética”, están en tensión por las contradicciones en que se encuentran al momento de enfrentarlas al poder.
En “Persona, hombre, cosa” desarma las distintas formas en las que se esconden nociones útiles para el poder político, por ejemplo, al estandarizar un instrumento como es la “Declaración Universal de Derechos Humanos”[ix].  Pero su uso como un concepto que pierde sentido y fuerza en vista de las vulneraciones de su estatuto. La naturaleza de la noción “persona” muta desde su origen romano (máscara es representación externa a los atributos del sujeto que se despliega en “privado” y lo “público” es donde se despliega la “persona”); en la racionalidad burguesa-liberal “persona” adquiere un sentido de inicio y fin de los esfuerzos de la sociedad fundada en el “bien común”,  se hace posible en la medida que existe un orden que le asegure a esta entelequia un repertorio de derechos activos y potenciales.  
Pero la modernidad también contiene experiencias radicales que llevaron a suponer que la máscara-persona podía ser movida y degradada en cosa (res) y que la lógica tánatopolitica el nacional socialismo permitió eliminar a no personas.

              Problematización

El código civil chileno de profunda influencia napoleónica, vigente desde 1856 platea una definición de persona que dice: “Art. 55. Son personas todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condición
Esta definición tiene un rango excepcional en el orden jurídico. Es la matriz desde donde se mueven todas las referencias que fuerzan otros ámbitos como por ejemplo el derecho penal.
Cuando un agente del estado levanta un bastón retráctil y golpea a una persona –en su forma “ciudadano”- está colocando en práctica toda la estructura de contención y control que se basa en un saber (pretendidamente científico) o al menos en una técnica que contiene dos niveles. Primero una proporcionalidad en la fuerza para disuadir a quien manifiesta alguna disconformidad con el orden político; segundo nivel es un procedimiento normado en el orden jurídico positivo. Acá se debe señalar la doctrina que legitima la fuerza y la violencia de manera exclusiva en el Estado.
La pretensión de racionalidad se funda desde el momento en que se pretendió civilizar  esa violencia, en cuyo caso el primer ejemplo es el esfuerzo del cirujano francés Joseph Ignace Guillotin en los albores de la revolución francesa.
Desprendiendo de la noción de “persona” enunciada en el código civil se puede justificar las penas de muerte en el código de justicia militar (vigente es estado de guerra) hasta la supresión del aborto terapéutico en el caso de la mujer que esté en peligro su vida en “favor” de la persona que está por nacer.
Queda enunciada la calidad y condición flexible que adquiere “persona” y que en sus distintos modos se constituyen en las lecturas.
Si aceptamos que el saber –científico- no es neutro (sirve a un orden con una valoración clara: capitalismo neoliberal) y está en transformación profunda en la postmodernidad ¿cómo debemos entender las nuevas formas que adquiere la contención, control y represión de la disidencia?
El funcionario estatal que levanta su bastón retráctil en contra el disidente se hace cargo de toda la carga de símbolos biopolíticos que ese gesto contiene. 

Síntesis

 Un saber que se construye desde un método racionalista (rasgo distintivo de la modernidad)   y se valida como ciencia que sirve al hombre para avanzar en el desarrollo.
Es un esquema neutro y optimista. Pero la evidencia nos dice que todo aquello es menos probable, que lo que sucede es que el saber se ampara como unidad que permite controlar y mejorar las condiciones de los Estados del primer mundo y las grandes empresas mundiales.
Por otro lado el reclamo ético que propone Wallerstein –las ciencias sociales deben tener un fin en un proyecto utópico- es un llamado de atención al debate que se instala en las formas “inexistentes” para preocuparnos por las saberes locales.
Lyotard nos proporciona la carga de duda en la formulación del conocimiento en la postmodernidad. Los cuestionamientos apuntas a las transformaciones que trae este tiempo en relación al soporte y el sentido del conocimiento con respecto a la estructura postindustrial.
Finalmente en Esposito se puede cuajar estas dos perspectivas para dudar de los artefactos de control. Si el saber no es neutro (tiene una carga valorativa en esa definición) y está profundamente determinada en las transformaciones, cuáles serán las nuevos modos que adquirirá el contención, control y represión de la disidencia, en especial en contra del cuerpo de la persona en un tiempo de fuertes cuestionamientos al orden social y político.  



[i] “Europa necesita más integración” Dr. Guido Westerwelle (Ministro de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania) El Mercurio, cuerpo A2, Jueves 8 de diciembre de 2011
[ii] Immanuel Wallerstein: de “Conocer el mundo, saber el mundo. El fin de lo aprehendido”, apartado 14 “La ciencia social y la búsqueda de una sociedad justa”
[iii] Conocimiento y saber a pesar de ser usado como sinónimos tiene sentidos distintos y que en el sistema conceptual de Foucault se distingue como categorías, siendo la primera la que se vincula con el sujeto en que constituye el acervo conceptual; en caso de Saber es el sistema de referencias que podría se validadas pero no son ciencia. Hablamos acá de niveles que se requieren uno de otro. La entrada “Saber” en “Diccionario Foucault” Edgardo Casto, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2011; entrada “Sujeto del conocimiento” en “Michel Foucault. Glosario Epistemológico” Sergio Albano, Grupo Editorial Montressor, Buenos Aires, 2007.  
[iv]Wallerstein: de “La ciencia social y la búsqueda de una sociedad justa”, página 244
[v] Idem, página 246
[vi] Se ha propuesto un orden que va desde la problematización ética en una perspectiva histórica de Wallerstein, a las complejidades del debate postmodernos de Lyotard y Esposito.
[vii] Jean-Francois Lyotard: de “La condición Postmoderna” capítulos 1, 2 y 3
[viii] Lyotard “La condición Postmoderna” página 13
[ix] Promulgada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de la Naciones Unidas, ha sido definida por la doctrina del derecho internacional público como un paso decisivo en el reconocimiento de la dignidad humana. Pero igualmente ha sido muy criticada por el sesgo etnocéntrico o por motivos geopolíticos que muchas veces se esgrimen por las grandes potencias.

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