martes, enero 29, 2013

Mirar bajo el agua


Cuando llegué del trabajo ella me dice que ya no puede dormir en la cama, que le da asco, que está con sudor del cuerpo de otra mujer, que siente el olor, que le admita que tuve sexo arriba del cubrecamas o entre las sábanas para decidir dormir o no.
-Te volviste loca- le digo con espanto y un poco de resignación.
Por último la vez anterior encontró el borde del embase de un condón, pienso.
Pero ahora ¿qué tienes?.
-Sé que te acostaste con una mujer, o tal vez dos, sé que eso también te gusta, esas cosas sofisticadas que se hace de tres, pero no te perdono que te acuestes con otra y no me digas para cambiar las sábanas. No tengo problema que lo hagas, si nuestra relación es suficientemente desprovista de las calificaciones monogámicas y otras convenciones. Pero te exijo que me digas: ¿arriba del cubre camas o abajo entre las sábanas?
-Pero por favor. Ya basta. Me haces sentir en un juego de víctima, tu lo eres, y eso no lo soporto- le digo mientras me recuesto a un costado.
Ella está sobre una manta como si el cubrecamas fuera la arena de una playa de dudosa condición.

Todo partió en una conversación de trasnoche y en realidad quisiera que no hubiese sido así. Lo digo porque es generalmente como se inician mis vínculos con mis parejas: haciéndome el interesante; llamando la atención con esa indiferencia a una mujer que a mí me ha llamado la atención; lograr conversar de cualquier cosa que nos pueda interesar a los dos y llevarla a la cama.
Parece simple, pero es una técnica que se logra de ensayo y error -u horror cuando descubres que la que ha llamado la atención no articula dos proposiciones consistentes en una conversación.
De hecho recuerdo la vez que una chica muy guapa y todo me habla de karma, la "cundalina" y el alma de los perros... todo para decir que los quiltros que nos acompañaron unas cuadras mientras caminábamos por el parque nos seguían por una misión divina.
En cambio hay mujeres que te tocan con la mirada y con sus ideas, o el impulso de sus intereses que son tan similares a los tuyos. Es como encontrar una compañera de camino y eso da gusto, al menos por un tiempo.

Carola tiene todo para ser mi compañera por un largo periodo, solo que no puede reconocer que quiere algo mucho más convencional que lo que declara con su pose liberal -a veces libertaria- con nuestra relación.
Ve bajo el agua y si descubre que algo no calza no reclama por la "mentira" o la "maquinación", reclama por la falta de confianza de mi parte y nuestro trato de libres pensadores que se inspiran en Sartre y Beauvoir.
Los homínidos somos naturalmente estructurados en la diversidad sexual, pero condicionados culturalmente a la estática de la monogamia.
Cuando le digo esto me mira y se mata de la risa: Eres tan caliente, por qué simplemente no lo admites y te dejas de repetir toda esa pócima antropológica que realmente nadie te la cree.
Yo vuelvo a atacar con argumentos leídos en años de referencias bibliográficas de contratapa de diarios y revistas de divulgación, pero al final de día sigue sin creerme.

Ahora fumo. Siento que el tiempo se acaba. Sigo buscando a la compañera que crea en esto que digo... alguien interesante e interesada en escuchar y compartir mi visión del mundo y las relaciones de pareja. Y que no intente ver bajo el agua.